Nuria Marín

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Lunes 17 Marzo, 2008

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John McCain

Nuria Marín

Para John McCain el mes de marzo tiene un especial significado. Hace 35 años (1973) luego de seis años como prisionero de guerra conseguía junto con otros 600 la tan ansiada liberación de parte del gobierno de Vietnam. Atrás quedaban años de agonía y tortura plenos en valor y compañerismo. Su heroísmo lo evidencian sus múltiples condecoraciones, entre ellas, la Estrella de Plata y el Corazón Púrpura. Su mayor desprendimiento, rehusarse a ser liberado anticipadamente respetando así el código de honor entre compañeros.
Poco después manifestaba su deseo de seguir adelante y no “querer vivir siendo solo un prisionero de guerra.” Hoy, luego de más de 20 años como influyente senador por el estado de Arizona, virtual candidato del partido republicano y con fuertes posibilidades de llegar a ser presidente de Estados Unidos, podemos asegurar que ha cumplido sobradamente su promesa.
De ser la piedra en el zapato de los republicanos puede convertirse en su tabla de salvación. Conocido por sus posiciones disidentes de las típicas posiciones republicanas en temas como limitación a los fondos de campañas políticas, conservación del medio ambiente, oposición a recorte de impuestos para los privilegiados, defensor de los derechos de los homosexuales, y reforma a las leyes de inmigración, entre otros, McCain era rechazado por la línea dura de su partido.
Sin embargo, con sus posiciones poco ortodoxas se ha convertido en una opción atractiva para moderados e independientes lo que podría convertirlo en una ficha ganadora en la lucha por la Casa Blanca, algo que parecía imposible para su partido hace tan solo unos meses.
Pese a la desaceleración de la economía, al desgaste de siete años de gobierno y la compleja situación en Irak, McCain no solo tiene el mérito de ser percibido como una pieza de cambio, sino que cuenta con un partido cada vez más unido alrededor de su candidatura. Esto se ha traducido en una creciente disminución de la brecha a favor de los demócratas, quienes podrían debilitarse aún más si continúan los encarnizados ataques, incluso en temas tan peligrosos como el racial o de género.
En filas republicanas la atención se centra en preparar estrategias para la campaña nacional, lujo que no se pueden dar los demócratas. No resulta claro cuál candidato tiene mayores posibilidades de ganar. Las encuestas favorecen a Obama pero esto puede cambiar.
En una contienda Obama-McCain serán relevantes temas como experiencia y edad, esta última una debilidad de McCain quien tendría 72 años al asumir el cargo, dos más que Reagan. La discusión se centraría entonces en cuánto pesa la experiencia y si esta implicaría un mejor desempeño.
En el caso de Hillary-McCain, lo más probable es que los republicanos quieran centrar la discusión en la fuerza moral de los candidatos, tema difícil para Hillary y que por la hoja de vida de McCain resulta su mayor fortaleza.
Sigamos el pulso a las elecciones en Estados Unidos pues la única constante han sido las sorpresas y a estas alturas aún falta mucho camino por recorrer.

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