El emprendimiento se mantiene activo en Costa Rica, pero el miedo al fracaso crece
La proporción de personas que, viendo una oportunidad de negocio, prefiere no arriesgarse pasó de 36% a 44% en apenas un año
El emprendimiento continúa presente entre la población adulta de Costa Rica, pero el temor a fracasar gana terreno entre quienes identifican oportunidades para iniciar un negocio.
En 2025, el 13,9% de los adultos participó en actividades emprendedoras en etapas tempranas, mientras otros indicadores muestran una menor disposición a dar el primer paso.
Así lo revela el Informe Nacional: el emprendimiento en Costa Rica GEM 2025-2026, elaborado por la Cátedra de Innovación de la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Cámara de Industrias de Costa Rica (CICR), con apoyo del Sistema de Banca para el Desarrollo.
El estudio combina los resultados de una encuesta a la población adulta y otra a personas expertas para analizar las características de quienes emprenden y las condiciones del entorno que favorecen o dificultan el desarrollo de nuevos negocios.
Uno de los principales cambios se observa en la intención de emprender.
La proporción de personas que planea iniciar un negocio durante los próximos tres años cayó de 44,9% en 2024 a 22,6% en 2025.
A la vez, entre quienes identifican oportunidades para emprender, el porcentaje que no lo haría por miedo al fracaso aumentó de 36,1% a 44%.
La percepción sobre las propias capacidades también disminuyó.
En 2025, el 65,9% de las personas adultas consideró que cuenta con los conocimientos y habilidades necesarios para emprender, frente al 75,4% registrado en 2024.
También bajó la proporción de quienes identifican oportunidades para iniciar un negocio, de 61,9% a 55,2%.
En contraste, aumentó ligeramente la percepción de que es fácil comenzar un negocio en Costa Rica, pasando de 36% a 38%.
El 83,1% de las personas involucradas en actividades emprendedoras tempranas señaló que emprende para ganarse la vida debido a la escasez de empleo.
Esta motivación alcanza el 88% entre las mujeres y el 77% entre los hombres.
Al mismo tiempo, el 74% indicó que busca “marcar una diferencia en el mundo”.
El 9,1% de la población adulta participa en emprendimientos nacientes o de puesta en marcha, que forman parte de la actividad emprendedora temprana.
Por actividad económica, el comercio minorista, hoteles y restaurantes concentran el 45,2% de los emprendimientos tempranos.
Les siguen los servicios de salud, educativos y sociales, con 12,9%, y la manufactura, con 11,5%.
Varias de estas actividades tienen bajas barreras de entrada, pero también una elevada competencia, según el informe.
Esto representa un reto para los proyectos que buscan mantenerse y crecer mediante mejoras de productividad y estrategias de diferenciación.
Las diferencias entre hombres y mujeres también cambian según la etapa en la que se encuentra el emprendimiento.
En 2025, la participación femenina en actividades emprendedoras tempranas alcanzó el 14,9%, frente al 13% de los hombres.
Sin embargo, entre los negocios ya establecidos, la tasa de mujeres llega al 4,4% frente al 8,2% de los hombres.
El estudio también registra que el 6% de la población adulta abandonó o transfirió una actividad emprendedora durante los últimos 12 meses.
Entre quienes reportaron esa discontinuidad, la falta de rentabilidad fue la principal razón, con un 33,8%.
“La mejora del acceso a financiamiento, así como servicios de apoyo, entre estos el cuido, redes de mentoría y medidas para reducir las brechas podrían contribuir a equilibrar, desde la perspectiva de género, la tasa de éxito de emprendimiento tempranos a la consolidación de negocios, asegurando que más iniciativas lideradas por mujeres logren crecer y consolidarse en el tiempo”, dijo Arianna Tristán, subdirectora ejecutiva de la CICR.
El panorama también está condicionado por las características del entorno.
Costa Rica obtuvo una calificación de 3,8 en el Índice de Contexto Emprendedor Nacional (NECI), con lo que ocupó la posición 50 entre las 53 economías participantes.
De las 13 condiciones del entorno evaluadas por las personas expertas, únicamente el acceso a infraestructura física y servicios alcanzó un nivel considerado suficiente.
Entre los principales desafíos aparecen la educación emprendedora en etapas tempranas, la burocracia, la transferencia de investigación y desarrollo, la prioridad que recibe el emprendimiento en las políticas públicas y el acceso al financiamiento.
“Es importante incorporar la materia de emprendimiento en los procesos de educación primaria y secundaria. Crear programas de formación técnica acordes con las necesidades de diversos grupos y tipos de emprendimiento. En la educación superior, extender la educación emprendedora a diversas carreras y establecer mecanismos para acompañar los negocios hasta la etapa de consolidación en el mercado. Crear condiciones para fortalecer los emprendimientos basados en conocimiento, estableciendo condiciones especiales, agilizando la transferencia de la I+D y los procedimientos para establecer un nuevo negocio” agregó Rafael Herrera, investigador de la UCR.
El informe también plantea que el reto no consiste únicamente en aumentar la cantidad de personas que emprenden, sino en crear las condiciones para que más iniciativas logren permanecer, crecer, innovar y generar empleo.