Humberto Pacheco

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Martes 22 Abril, 2014

Asume el cargo un estadista al que los costarricenses, por patriotismo, convicción o necesidad, apoyó


Trotando Mundos

Habemus Caesar

Costa Rica tiene nuevo Presidente tras una elección sin precedentes en la que un candidato, sin estómago para liderar el país, aflojó ante la adversidad.
Asume el cargo un estadista al que los costarricenses, por patriotismo, convicción o necesidad, apoyó. Su elección ofrece al país, como nunca antes, la oportunidad de unión y cambio que necesita para deshacerse de rémoras, corruptos e incompetentes. Su primera y más difícil tarea será purgar a los corruptos y los negligentes.
El electorado le votó un masivo mandato para que en la Asamblea Legislativa no encuentre obstáculos injustificados. Esto lo compromete con todo el electorado. Pero también compromete a los diputados de todos los partidos a apoyarlo, sin renunciar a cumplir el mandato de vigilancia y censura, pero en forma seria.
Los votantes endosaron su política limpia, ecuánime y efectiva, a contrapelo aún de lo que algunos miembros de su partido preferían. En síntesis, le otorgó un mandato de cambio serio hacia el futuro que, oramos para que signifique el entierro de la demagogia y los intereses de grupúsculos.
El país no puede seguir por la ruta de la improvisación, con la salida fácil de subir los impuestos cada vez que se mete en problemas fiscales por mala administración, afectando precisamente a los contribuyentes que ya llevamos la carga y pagamos puntualmente.
Es indispensable acabar con las disparidades millonarias de algunos trabajadores del gobierno, sobretodo de las instituciones autónomas, cuyas ventajas discriminatorias sobre el resto de la tropa laboral nacional sube en progresión geométrica, mientras cualquier remiendo tributario nuevo solo logra subir los ingresos aritméticamente, y hace más dura la vida para TODOS los costarricenses.
Hay que acabar con la economía subterránea que no paga impuestos y cuesta mucho perseguírselos, y que representa nada menos que el 40% de la economía, conforme lo ha constatado la UCCAEP.
Pero también hay que acabar con la práctica de la Administración Tributaria de atacar las frutas que cuelgan más cerca del suelo, aquellos empresarios que operan a la luz del día y pagan legítima y visiblemente, los mismos que siempre persigue para ver que más le saca a esas vacas.
Se debe relevar de la línea de mando a quienes piensan en intereses personales o gremiales, para terminar con procesos de la caverna que ya cumplieron su finalidad y pertenecen al museo de la historia.
Eso no significa ser neoliberal, que también sería volver atrás; es acoger nuevas pero bien probadas ideas de países exitosos.
Es necesario evitar a toda costa el hábito costarricense de reinventar la rueda, modificando procesos que en otros países han surtido efectos muy positivos para meterles limitaciones que no hacen sentido. El ejemplo más claro lo presenta la Ley General de Concesión de Obras Públicas #8643, cargada de inventos que no le han permitido funcionar bien. Más bien, su abuso ha sido motivo de descrédito para el país y, a lo interno, para la propia ley.
Mirando algunos proyectos con detenimiento es fácil determinar que la causa de los problemas han sido los funcionarios corruptos en busca de chizas que los encarecen y desnaturalizan los procesos.
Cuando un país adquiere esa desprestigiada fama, los oferentes internacionales saben que sí no prevén chizas, mejor ni gastar fortunas en estudios serios. No es a ellos sino a los costarricenses a quienes corresponde acabar con esa lacra.
Ni hablar de la Trocha; esa está en una liga por sí sola y será objeto de estudio en los cursos universitarios de Corrupción 101. (continúa)

Humberto Pacheco A.
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