Desde la primera administración del presidente Donald J. Trump, Estados Unidos y China han entrado en una dinámica de reproches comerciales que en su momento llevaron a un acuerdo comercial por fases. Hoy, en su segunda administración, el conflicto persiste y nos mantiene en vilo a la espera del resultado de nuevas negociaciones, tras la imposición de aranceles del 145% a los productos chinos y de las medidas recíprocas de China a Estados Unidos. Por ahora, los aranceles recíprocos se han pospuesto por 90 días.
Académicos, medios de comunicación y observadores, suelen referirse al Dilema del Prisionero en Teoría de Juegos, como una herramienta útil para acercarse y comprender esta guerra comercial. El punto de partida, es que la liberalización del comercio genera beneficios, según los postulados básicos de la teoría liberal con raíces en Adam Smith y David Ricardo. Este último demostró cómo el comercio impulsa la especialización y por este mecanismo, finalmente el bienestar de las sociedades se incrementa. Esto debido a la expansión en la Frontera de Posibilidades de Producción (FPP), que en una sociedad autárquica refleja que se consume únicamente lo que se produce, mientras que cuando se introduce un país con quien comerciar, se expande la FPP y se incrementa el bienestar de ambas sociedades.
Pues bien, claros con estos supuestos teóricos (con sus limitaciones pues el tema de los beneficios del comercio es mucho más complejo), podemos utilizar el Dilema del Prisionero para modelar lo que sucede entre ambas potencias económicas. En lugar de las clásicas opciones “cooperar” o “traicionar”, en este contexto hablamos de “liberalizar” o “proteger”. El modelo se puede visualizar de la siguiente forma:
Preferencias PL (Proteger-Liberalizar), LL (Liberalizar-Liberalizar), PP (Proteger-Proteger), LP (Liberalizar-Proteger). Las preferencias indican el orden de beneficio para cada país, de mayor a menor.
Bajo estos supuestos, tanto Estados Unidos como China tenderían a proteger su mercado esperando que el otro lo liberalice. Esta estrategia individualmente racional, produce un pareto subóptimo, ya que ambos protegen sus mercados, perdiendo los beneficios potenciales de la liberalización mutua. El equilibrio resultante (PP) es un Equilibrio de Nash(ninguna de las partes puede mejorar su posición sin que la otra cambie la suya también), y es claramente inferior en términos de bienestar al resultado que se obtendría si ambos países liberalizan.
Ninguno de los jugadores querrá terminar en la posición del “tonto”, en la cuál liberaliza su mercado mientras el otro jugador protege. Este de alguna manera ha sido el reclamo constante de los Estados Unidos en contra de China (¿y del mundo?), indicando que a pesar de los compromisos asumidos desde su ingreso a la OMC, no se ha logrado el nivel de avance esperado en la liberalización del mercado chino. Pareciera que algo llevan de razón los estadounidenses en este sentido, dado que China mantiene bastante protegido su mercado en múltiples industrias como por ejemplo, en materia de redes sociales, información, banca y finanzas, seguros, recientemente incluso sacando del mercado a las cuatro grandes firmas de consultoría. En materia de bienes también son interminables las quejas, no solo por el tema arancelario, pero también por la aplicación arbitraria de medidas no arancelarias como las sanitarias y fitosanitarias. De ninguna manera con esto quiero implicar que Estados Unidos no comete errores y nunca ha realizado acciones violatorias de sus compromisos multilaterales en la OMC. Esos son múltiples. Sin embargo, en general los Estados Unidos ha liderado la creación del Sistema Internacional de Comercio y por lo tanto, se presumen como promotores de la liberalización comercial.
Quizá lo más revelador del ejercicio es precisamente que lo que parece racional desde el punto de vista individual no produce el mejor resultado colectivo. En el caso comercial, claramente lo óptimo sería negociar y liberalizar pues de esa forma las sociedades incrementan su bienestar. Sin embargo, muchas veces predomina la estrategia de proteger lo más posible, mientras se intenta que el otro liberalice, lo más posible. Cabe resaltar que el comercio global es mucho más complejo que lo planteado en el modelo en Teoría de Juegos. Por ejemplo, en ese dilema se asume que los prisioneros no pueden comunicarse entre sí. Sin embargo, en el mundo real Estados Unidos y China se comunican y negocian frecuentemente a nivel bilateral y multilateral. También se asume que la interacción solo se da una vez, lo que motiva a los participantes a asumir una posición más extrema de proteger pues saben que no tendrán que interactuar con el otro la próxima vez.
El profesor de la Universidad de Michigan, Robert Axelrod, desarrolló en el pasado modelos iterativos del Dilema del Prisionero y entre otros resultados comprobó que cuando dos actores interactúan de manera repetida, tienden a encontrar un mejor balance hacia la cooperación (liberalización), que cuando solo se juega una vez. Otro resultado interesante es que la estrategia que rinde mejores resultados para cada “jugador o prisionero”, es lo que se conoce como “tit for tat” (ojo por ojo). Si en un juego China protege y Estados Unidos liberaliza, en el próximo la posición de Estados Unidos será proteger. Así China comprende que no podrá aprovecharse, abriendo la posibilidad de que ajuste su estrategia en el próximo juego y liberalice.
Aunque con obvias limitaciones, la aplicación del Dilema del Prisionero a los procesos de liberalización comercial sigue teniendo gran utilidad para comprender potenciales escenarios. Además, es muy pertinente cuando se aplica a la guerra comercial entre Estados Unidos y China pues de inmediato saltan a la vista evidentes paralelismos entre el modelo y la situación actual. También, si se quiere, se pueden sacar conclusiones sobre posibles desenlaces del enfrentamiento entre esas grandes economías.





































