Hace cinco años, The Road Less Traveled Cuisine apostó por un camino diferente en la gastronomía costarricense. En lugar de abrir un restaurante tradicional, desarrolló un modelo híbrido que combina experiencias privadas, un exclusivo FoodLab, eventos corporativos, bodas y proyectos culinarios personalizados.
El proyecto nació en la cocina de un apartamento y hoy opera como una empresa integrada por 15 colaboradores. Su propuesta incluye cenas privadas en residencias, experiencias para turismo de lujo y un FoodLab con capacidad para solo cuatro comensales por noche.
El chef y fundador, Gilberto Briceño, explicó que la iniciativa surgió al cuestionar el modelo tradicional del sector gastronómico.
"La pregunta fue: ¿y si la gastronomía pudiera convertirse en mucho más que un restaurante?", afirmó Gilberto Briceño, fundador y chef de The Road Less Traveled Cuisine.
Uno de los pilares del proyecto es construir cada menú a partir del origen de los ingredientes y de los productores cercanos. La propuesta prioriza los productos disponibles en cada temporada y reduce al mínimo su manipulación.
Ese proceso creativo busca resaltar la identidad gastronómica de Guanacaste mediante historias que conectan cada preparación con el territorio.
"Tiene más sentido conocer quién está en tu comunidad, conocer los productos y los productores que abundan en tu zona y, a partir de eso, empezar a proponer ideas creativas", señaló Briceño.
Como ejemplo, el chef creó un plato inspirado en las milpas guanacastecas, donde conviven maíz, frijoles y ayote. La preparación utiliza chilotes cocinados al comal, vainicas ahumadas y un puré de ayote endulzado con miel de mariola.
El FoodLab representa otra de las características del modelo. El espacio recibe únicamente a cuatro personas por noche y ofrece un menú diferente en cada servicio.
Los platillos cambian diariamente según la producción de la huerta, los ingredientes recolectados en fincas cercanas y los pescados disponibles cada mañana. Además, cada menú se adapta a las preferencias y restricciones alimentarias de los visitantes.
"El FoodLab no es un lugar donde solo vas a comer. Es un ritual donde la gente delega su confianza en nosotros", agregó.
La experiencia también modifica la dinámica tradicional entre cocina y salón. En lugar de mantener separados ambos espacios, los chefs presentan los platos, explican su elaboración y conversan con los comensales durante la cena.
Para lograrlo, Briceño decidió formar colaboradores sin experiencia previa en gastronomía. El objetivo fue desarrollar profesionales capaces de cocinar, atender clientes y compartir la historia detrás de cada preparación.
Actualmente, el equipo de cocina está conformado por ocho personas y es liderado por Jocelyn, quien ocupa la jefatura de cocina desde hace dos años.
El crecimiento del negocio ocurrió de manera gradual. El proyecto comenzó ofreciendo cenas privadas en residencias de lujo y, posteriormente, incorporó bodas, eventos corporativos, activaciones de marca y producción de contenido para redes sociales.
Ese proceso permitió consolidar una estructura empresarial con equipos especializados en cocina, reservas, ventas, administración, finanzas, contabilidad, comunicación y mercadeo.
El siguiente paso del proyecto es aportar al desarrollo del talento gastronómico nacional y fortalecer el turismo gastronómico desde Guanacaste.
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