La imagen de fortaleza económica de Costa Rica que teníamos se ha ido disolviendo en el tiempo. Los informes del Ministerio de Hacienda contrastan de manera muy seria con las ideas. impresiones y suposiciones que el país creía que describían nuestro camino. La constante en economía es el cambio y nuestra realidad hoy muestra cosas que cambiaron y son serias.
La deuda pública está al alza habiendo llegado al 60,5% del PIB. En 2025 alcanzó los 37 millones de millones de colones, que es en sí mismo una ominosa noticia. El crecimiento de la deuda del gobierno con la CCSS que llegó en 2025 al 8,6% del PIB es una catástrofe. Pareciera que allí depositaron parte del déficit fiscal. Es una suma de una naturaleza tan brutal que difícilmente podremos verla saldada y al día en el curso de nuestras vidas. La insolvencia de nuestro sistema de salud conduciría al país a una convulsión social sin límites. Habiendo venido cayendo desde el 2021 los ingresos tributarios de Costa Rica se sitúan en 2026 en el 11,9 por lo que estrechan el espacio de maniobra del estado de manera tremenda en materia fiscal. Esta circunstancia hará que se financie la diferencia del presupuesto con más deuda al no alcanzar la recaudación de impuestos para pagar las erogaciones del gobierno. Menos impuestos recaudados obligarán a contratar más deuda pública. Más deuda contratada generará mayor gasto en intereses. La fuente de esta información es el mismo Ministerio de Hacienda. Hay que abatir el gasto. Hay que dejar ir instituciones que no contribuyen a nuestro bienestar y sí pesan en nuestro déficit fiscal.
¿Para dónde vamos? ¿Hacia adónde nos dirigimos?
El IMAE y el BCCR nos hacen saber que de un índice maravilloso de crecimiento del 21,4 en 2023 y 16 en 2025 el de este año de 2026 es tan solo de un 3,7. O dicho de una manera amable se nos reduce el crecimiento.
Sin entrar en pánico, el país debe de reflexionar de manera seria y pausada sobre el derrotero de nuestra economía y sobre las decisiones que se están tomando alrededor de cómo habremos de manejar las soluciones a estos entuertos. Las mejores cabezas deben de juntarse a pensar en conjunto. No hay tiempo que perder.
Muy serio, pero se sobrevaluó el valor del colón. Los ingresos en colones de los exportadores se redujeron. Se revaluó el colón y los gastos de las empresas crecieron en términos reales. Estos dos impactos han roto las economías de muchos. Esto ha tenido impacto en las zonas francas junto a las tarifas impuestas a la importación por el gobierno de los Estados Unidos. Claro está que las decisiones de los planificadores extranjeros de las firmas que deseaban producir en el país pues han decidido frenar la inversión y la exportación en lugar de ampliarla. Al fin los enemigos de las zonas francas van a lograr cerrarlas.
Los ingresos fiscales se están reduciendo y uno de los puntales de tal reducción es la revaluación del colón. O sea, dicha revaluación golpea al país de manera ruda y variada.
La economía real no ha visto el empleo crecer fuertemente y las zonas que han reducido la pobreza son aquellas en las que la actividad ilícita de comercio de drogas campea.
La seguridad no mejora. La educación dejada sin ruta explicita desde la administración anterior tampoco parece enderezar su ejecutoria.
Me preocupa el desarrollo del ICE y su destino. Habría que darle una estudiada y no despegar el ojo de sus resultados. Ojo al Cristo, mano a la cartuchera.
Sean estas palabras mías escritas en la mejor lid una llamada de preocupación a doña Laura Fernández Delgado, nuestra presidente de la república, sobre las consecuencias de esta información liberada por fuentes oficiales de gobierno. Debemos parar el pleito. Debemos enterrar el insulto. Debemos buscar la unidad necesaria para enfrentar las turbulencias del vuelo que nos parecen estar esperando.


























