Dr. Andrés Rojas
Director Médico
AstraZeneca Centroamérica y Caribe
Determinar cuál es la condición o patología que afecta a un paciente implica una gran responsabilidad para el equipo médico, desde la confirmación del diagnóstico hasta la recomendación del tratamiento más adecuado. En muchas ocasiones ese diagnóstico llega tarde, cuando el paciente ya se encuentra en etapas avanzadas de la enfermedad. Los sistemas sanitarios actuales, sobrecargados y con recursos limitados y desiguales, imposibilitan; en muchas ocasiones; diagnósticos tempranos, lo que genera un impacto muy alto en la vida de los pacientes, y una carga económica al ecosistema de salud.
Hoy más que nunca la innovación y los avances científicos están transformando la forma en que abordamos la atención sanitaria, con una nueva mirada que emerge desde la medicina moderna y se enfoca en tratar al paciente desde la comprensión integral de su vida, su entorno y su futuro.
AstraZeneca ha descrito esta transformación como un paso decisivo “en el diagnóstico al paciente”, una transición que redefine lo que entendemos por atención médica. Según el planteamiento de la compañía, el desafío global ya no consiste únicamente en desarrollar nuevos medicamentos, sino en reimaginar el propio sistema de atención, integrando diagnóstico temprano, prevención y acompañamiento continuo.
Lo más interesante de este cambio es que se aleja del modelo tradicional, en el que la medicina se movía en un constante intercambio entre el laboratorio y el hospital. Hoy, la innovación se extiende hacia la comunidad, los centros de salud e incluso los hogares. Los avances tecnológicos, desde dispositivos portátiles de diagnóstico hasta la inteligencia artificial aplicada a la detección de una patología, están transformando la relación entre paciente y profesional. Ya no se trata solo de diagnosticar y tratar, sino de acompañar y cuidar.
Este enfoque, basado en alianzas estratégicas, ya está dando resultados. AstraZeneca trabaja con los ecosistemas de salud, con múltiples actores a nivel de gobierno, academia, sociedad civil y entidades sanitarias alrededor del mundo para mejorar la detección temprana y la adherencia terapéutica, con el fin de lograr una transformación sostenible del cuidado sanitario, un concepto que combina ciencia, equidad y sostenibilidad, y Costa Rica no es la excepción.
La ambición es sencilla, diagnosticar antes, tratar mejor y cuidar siempre. Cada diagnóstico tardío conlleva consecuencias físicas, emocionales y económicas de alto impacto. Un paciente con asma sin control, una persona diabética sin seguimiento o una mujer que recibe un diagnóstico oncológico en fases avanzadas son ejemplos cotidianos de lo que la medicina reactiva no logra prevenir. En cambio, un sistema capaz de detectar en etapas tempranas y actuar de manera coordinada evita hospitalizaciones, reduce costos y, sobre todo, mejora vidas.
Pero esta transformación no es solo tecnológica, sino que es profundamente humana y requiere un cambio cultural; pasar del paciente como receptor pasivo al paciente como protagonista informado. La medicina centrada en el paciente no es un eslogan, sino un rediseño ético del cuidado que implica escuchar, acompañar y personalizar la atención según los contextos sociales, culturales y económicos.
Aquí entra en juego un tema crucial, la equidad sanitaria. AstraZeneca ha puesto especial énfasis en garantizar que la innovación no amplíe las brechas existentes. Sus programas buscan que las terapias lleguen también a comunidades desatendidas y que la investigación clínica sea verdaderamente representativa.
En este nuevo ecosistema, la sostenibilidad se convierte en la columna vertebral del futuro. No basta con innovar, hay que hacerlo de manera que el sistema pueda sostenerse, tanto económica como ambientalmente. La transformación sanitaria sostenible requiere una visión a largo plazo, en la que la prevención, la equidad y la innovación tecnológica se integren con responsabilidad social.
Lo más inspirador de este enfoque es el optimismo que lo impulsa. Frente al panorama de sistemas de salud saturados, se propone una alternativa real, la colaboración. No un futuro dominado por máquinas o algoritmos, sino un presente en el que la ciencia, los gobiernos y la sociedad civil trabajan juntos para anticiparse a la enfermedad y devolver al paciente al centro de la escena.
Así, “del diagnóstico al paciente” deja de ser una consigna y se convierte en un manifiesto. Un llamado a repensar la medicina desde sus cimientos, a diseñar sistemas más humanos, accesibles y sostenibles. A fin de cuentas, la salud no se mide solo en cifras de supervivencia, sino en la capacidad de una sociedad para cuidar de sus miembros antes de que sea demasiado tarde.
Porque quizá el mayor avance médico del siglo XXI no sea una nueva molécula, sino una nueva mirada, la que pone al paciente —no a la enfermedad— en el centro de todo.





































