En un reciente congreso de Recursos Humanos, compartí un café con un director general que me dejó una frase que no he podido olvidar: “Ten cuidado con el que hace de todo y no logra nada.” Esa reflexión resume una de las trampas más comunes dentro de las organizaciones: confundir la disposición con la efectividad.
El comentario surgió a raíz de un tema que desvela a cualquier CEO: la retención del talento. El director me relató el caso de un colaborador en un puesto de mando medio, que era conocido por su enorme disposición.
Siempre disponible, siempre sonriente, dispuesto a resolver cualquier tarea fuera de su área. Esa actitud le permitió escalar y ganar confianza dentro de la empresa. Sin embargo, con el tiempo, los resultados comenzaron a contar una historia distinta.
Cuando la pandemia obligó a las empresas a revisar con lupa cada unidad de negocio, los números hablaron: el área de aquel colaborador no alcanzaba sus metas anuales. Había una sangría constante en el flujo de caja. Los indicadores eran mediocres, pese al alto salario y al carisma del empleado. “Si tenía tanto tiempo para hacer cosas fuera de su responsabilidad, era porque descuidaba su verdadero trabajo”, me dijo el director, con tono de decepción. “Lo vimos tarde.”
Esa conversación me llevó a investigar sobre los efectos que impactan las organizaciones con colaboradores que “hacen de todo y no logran nada”. Profesionales multitarea que parecen imprescindibles porque están “en todo”, pero que al final no entregan resultados concretos. Un factor común es que, esos profesionales suelen gozar de buena reputación con las gerencias, lo que retrasa la detección del problema.
Un estudio de la Harvard Business Review publicado en 2022 advierte sobre este fenómeno. Según su análisis, los empleados que asumen demasiadas tareas fuera de su función principal tienden a diluir su impacto en un 40% promedio, afectando directamente el rendimiento global de su área. El informe lo llama “el costo oculto del colaborador siempre disponible”.
Pero este tipo de desviaciones pueden corregirse, si se detectan a tiempo. Lo primero es establecer métricas de desempeño claras, alineadas con los objetivos estratégicos de la compañía. McKinsey & Company publicó un estudio en 2023 en el que se señala que las empresas con sistemas de evaluación basados en indicadores específicos por rol reducen hasta en un 35% los errores de asignación de talento. Es decir, cuando el rendimiento se mide por resultados y no por percepciones, se vuelve más fácil identificar cuándo un colaborador está dispersando sus esfuerzos.
En segundo lugar, el liderazgo debe reforzar la cultura del foco. No se trata de limitar la iniciativa, sino de canalizarla hacia donde realmente genera valor. Implementar reuniones de revisión trimestrales, donde se analice el avance de los KPIs de cada área, ayuda a redirigir el esfuerzo antes de que se convierta en un problema estructural.
Según un reporte de Deloitte Insights de 2022, las organizaciones que practican evaluaciones periódicas de desempeño y retroalimentación ágil tienen un 23% más de probabilidades de corregir a tiempo los desvíos de productividad.
La conversación con el Director me llevó a comprender lo esencial de reeducar y/o inspirar al talento sobre el verdadero significado del compromiso corporativo. Los líderes deben transmitir que la entrega total no significa “estar en todo”, sino dominar lo que está bajo su responsabilidad. El exceso de tareas accesorias suele ser síntoma de falta de claridad en los límites del puesto. Por eso, redefinir los roles y reforzar la accountability —la responsabilidad directa sobre resultados— es una estrategia que devuelve foco y dirección.
Otra frase del Director que me impactó es que “hoy los líderes, debemos valorar la iniciativa, sí, pero también la capacidad de cumplir objetivos concretos”. Una organización sana “necesita profesionales que entreguen resultados medibles, no héroes corporativos que hacen de todo menos lo que realmente importa”. En otras palabras, la clave está en redefinir la idea de compromiso: “no se trata de estar siempre ocupado, sino de ser estratégicamente productivo”.
En tiempos donde la eficiencia es sinónimo de competitividad, conviene recordar que no todo el que hace mucho, aporta mucho. En el mundo empresarial, como en la vida, quien dispersa sus esfuerzos termina perdiendo el rumbo.
Cristian Leandro
Periodista





































