Luis Montero
Consultor de Grant Thornton
El “Efecto Waze”
Todos hemos seguido alguna vez una dirección ciegamente y luego conforme avanza el trayecto nos encontramos en un lugar sin salida o que nos parece arriesgado, eso mismo nos puede pasar con la Inteligencia Artificial.
Las herramientas que usamos y que cada vez son más proporcionadas por los gigantes tradicionales de tecnología son geniales para sacarnos de un “blanco mental” y nos ayudan a redactar como a resumir, pero todas ellas de momento carecen de contexto y sentido común como lo aplicamos nosotros.
Significa que la tecnología es muy rápida para entregarnos datos, pero nosotros siempre debemos ser quienes juzguemos si son útiles y son correctos, un poco de malicia no sobra.
Tres reglas para no “apagar el cerebro o nuestro sentido crítico”
Punto 1: La regla del “Borrador, no final”
La misma recomendación trasciende los tiempos: nunca copiar y pegar lo que dice directamente la Inteligencia Artificial.
La cantidad de compromisos en nuestro día a día nos hace caer en la tentación de usar la IA para cumplir y ese cumplimiento tiene sus riesgos cuando copiamos y pegamos.
Un ejemplo práctico: cuando estamos redactando un correo para un cliente y le pedimos a la IA que nos ayude podríamos tener una redacción robotizada que no lleva el “nosotros” porque la IA no conoce a mi cliente soy yo quien ha tenido la relación.
Otro ejemplo muy peligroso: en el trabajo de las operaciones financieras la consolidación de los datos es una tarea larga y de mucho atención. La IA es ideal para cuando el mar de datos es muy basto, pero siempre debemos dejarnos una forma de confirmar, por ejemplo, dejando el visto bueno de nuestro lado.
Punto 2: El detector de “alucinaciones”
Este es un término que se le atribuye a cuando la IA inventa los datos.
Cuando estamos trabajando con fechas y cifras, si la IA no puede proporcionar el dato en algunas ocasiones las inventa y ahí debemos estar conscientes de que debemos tener esa malicia. Es conveniente confirmar en la mayoría de los casos y verificar.
Punto 3: El contexto es el rey
En los casos de reuniones existen lo que podríamos llamar “valores no escritos” de una empresa. La IA no puede detectar que un cliente desea mejor una llamada y, aunque son importantes las respuestas por correo, una llamada a veces aclara o genera una cercanía que nos ayuda a resolver una diferencia de criterio.
La suma ganadora
La IA no viene a quitarnos el trabajo, viene a desaparecer las actividades aburridas y dejarnos con actividades de análisis y estrategia.
Nuestras empresas necesitan colaboradores menos agobiados con las rutinas, a los que la IA les proporcione espacios para inspirarse, que puedan soñar con mejores procesos y que puedan ir por un café y volver a su escritorio con una excelente idea.
Debemos seguir mirando a la IA como esa herramienta potente, pero la responsabilidad siempre debe estar de nuestro lado y nuestro estilo debe quedar impreso en los resultados.





































