Me gusta correr en las madrugadas, prácticamente antes de que salga el sol. Hace unos días, mientras corría por Tibás, observé a una mujer joven —de seguro más joven que yo—, quien salió a dar una vuelta en su silla de ruedas automática. Cuando nos cruzamos, no pude evitarlo: empecé a preguntarme muchas cosas, me sentí afortunado y culpable a la vez, bendecido y afligido a la vez.
Durante días he pensado en esa escena y en esa mujer. No pude evitar sentir que las piernas que me permiten correr y caminar cada día, esas acciones tan sencillas que muchos de nosotros damos por un hecho; son quizás el anhelo más profundo de otras personas. ¡Cuán responsables somos de disfrutar y cuidar esa posibilidad de correr, de caminar, de hacer ejercicio! —pensé.
Esto me lleva a uno de los estados más complejos del ser humano en cualquier proceso de comunicación, la capacidad de sentir empatía. Mucho hemos escuchado sobre la empatía, que no es más que esa capacidad de comprender y compartir los sentimientos, pensamientos y experiencias de otras personas. Nos lo han vendido como lograr ponerse en los “zapatos del otro”.
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¡Qué fuerte es esto! Porque realmente resulta más fácil de decirlo, que hacerlo, y sobre todo que sentirlo de verdad. Y es que, es muy difícil, por no decir imposible, sentir lo mismo que siente otra persona, o tratar de hacerlo al menos, ya que nuestras realidades, nuestros procesos mentales y nuestra capacidad de comprender el entorno es muy diferente, y esos factores ya se convierten en limitantes naturales de entrada.
Cuantas veces hemos estado en conversaciones o discusiones en las cuales la otra persona nos dice, casi como una muletilla: “te entiendo, de verdad que te comprendo”, y acto seguido viene un “pero…”, acompañado de una frase que demuestra la mayor incomprensión de la historia… y ahí es donde se rompe la comunicación, cuando no somos capaces de estar en una misma sintonía, en un mismo tipo de conversación.
¿Cómo se trabaja la empatía?
Empatizar es realmente algo mucho más profundo, algo que no cualquier persona logra hacer y sentir, es un estado difícil de alcanzar que requiere de tres cosas elementalmente:
- Aprender a escuchar sin interrumpir el proceso con ideas, juicios de valor, sesgos y preconcepciones, es literalmente y como dice la frase: “escuchar sin juzgar”.
- Aprender a identificar en qué tipo de conversación estamos: ¿se trata de una conversación práctica como las que tenemos en el trabajo para buscar soluciones a problemas?, ¿es acaso una conversación emocional donde queremos compartir algo sobre nosotros o sobre cómo nos sentimos?, ¿o más bien es una conversación social donde uno de nuestros múltiples personajes sociales desea simplemente disfrutar y ser quien es?
- Aprender a responder, este es quizás el elemento más retador, porque nuestros cerebros acostumbrados a no escuchar, sino a oír; e incapaces de comprender en qué tipo de conversaciones de desenvuelven las cosas, con frecuencia son también poco entrenados en el arte de responder. Ahí es donde vienen las respuestas poco empáticas, o peor aún, las respuestas hirientes.
La buena noticia es que los tres elementos de la comunicación que confluyen en el arte de la empatía se pueden trabajar, entrenar y mejorar, como cualquier otra disciplina en la vida.
¿Ven como la comunicación es mucho más que hablar y escuchar? La empatía requiere de mucho trabajo, y es mucho más que decirle a alguien que lo comprendemos con un gesto histriónico de dolor o pesadumbre. La empatía es la capacidad humana de conectar y esa conexión es mágica, genuina y poderosa. Sucede como una chispa, o simplemente no se da.
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Navidad y fin de año son épocas de reflexión, de muchos sentimientos en el aire y de sensibilización. ¿Pero qué pasa en enero que todo se “resetea”? Más allá de los tradicionales propósitos de año nuevo, como ir al gimnasio, la empatía se convierte en una habilidad poderosa y necesaria que puede cambiarnos todo en la vida. Ojalá más personas se preocupen por incluirla en su lista de propósitos de año nuevo.
Los invito a trabajar y entrenar para ser más empáticos.
Si les interesa aprender más sobre los tipos de conversaciones en las que nos desenvolvemos los seres humanos, les invito a leer el libro Supercomunicadores del autor Charles Duhigg, lo van a disfrutar y aprenderán mucho para sus vidas, sus trabajos y sus relaciones personales.





































