Pocas celebraciones patrias más solemnes y más trascendentales que las que los costarricenses celebramos el 14 y 15 de septiembre. El día 14 rememoramos la llegada de la noticia de la independencia y el aviso dado en la nochecita en las casitas de los habitantes de aquella época por las autoridades del último Gobernador y Capitán General. Casa a casa, portando un farolito, avisaron de la nueva y convocaron para el día siguiente. Fue una gran noticia dada sin distingos a todos los habitantes. Una nueva trascendental para el futuro de todos, una gran noticia llena de alegría para quienes deseaban la independencia del país. La fiesta del 14 de septiembre es el anuncio de la independencia, del advenimiento de la libertad, del ejercicio futuro de nuestras voluntades ciudadanas, de cuál senda tomar para el país y para todos nosotros.
El Gobernador y Capitán General nunca convocó a las milicias imperiales para bloquear el paso a quienes deseaban la independencia ni movilizó habitantes de otras provincias para apoyar la causa realista. En tolerancia, en libertad, en alegría, en reflexión acogimos la buena nueva. El Gobernador y Capitán General no intimidó, o agredió de palabra o se burló de las gentes de la provincia. Generó las condiciones de libertad y de concordia para entre todos decidir en paz y buscar definir nuestro futuro.
Las celebraciones del 14 de septiembre en consecuencia fueron el anticipo de la senda que el país habría de tomar en el futuro. La importancia de aquella concentración de voluntades para decidir fue trascendental y en paz, en respeto, en urbanismo, en el espíritu que caracterizó a los costarricenses desde un principio.
El cabildo abierto que consideraría el camino a tomar, el cabildo abierto al que asistieron todos los vecinos que deseaban hacerlo decidió la independencia el día 15. Luego habría grupos que se opondrían que se manifestarían con furia y armas en la mano, eso sería después. El 15 decidimos esperar a que se aclararan los nublados del día. Las autoridades del reino y las autoridades del virreinato, la fuerza presente en el momento, participó como un ciudadano más en las decisiones a tomar. Vivimos una muestra maravillosa de tolerancia y paz. Una muestra de madurez y serenidad cívicas.
Del pasado de hace 205 años podemos tomar ejemplo. Aún hoy aquellos campesinos iletrados supieron ser más urbanos que otros costarricenses de nuestros días. Los de ayer pueden seguir dándonos ejemplo de cómo conducir un país y construir una nación mejor. Los de hoy y los de mañana pueden seguir recibiendo lecciones positivas de cómo forjar una nacionalidad en paz, reflexión, respeto y seriedad. A quienes discrepaban de las tesis esbozadas por los independentistas surgieron otras tesis.
La independencia ya había sido decidida en la capital del Reino de Guatemala en septiembre cuando los acontecimientos de que hablamos sucedían sin saberlo nosotros en octubre. No tiene importancia, lo relevante es la reflexión cívica, la paz y el diálogo ciudadanos y el respeto guardado hacia todos. Esa calidad cívica hoy parece desmoronarse ante la burla, el irrespeto, la fuerza para bloquear y evitar que a una celebración de la fiesta nacional lleguen algunos ciudadanos. No parece que hayamos aprendido de quienes tomaron las decisiones correctas sobre nuestra independencia. Pareciera que quienes hoy están al frente de nuestras autoridades buscan generar conflicto, no resolverlo. Buscan provocar a grupos a la violencia o a la manifestación no hacia el acuerdo. Son provocadores para desviar la atención hacia asuntos de menos fondo que los realmente sustanciales. Son distractores sociales que nos desvían en nuestra atención y nos impiden centrar nuestros sentidos en lo trascendental.
Están avisados los costarricenses de cuál será la actitud de las autoridades frente a protestas cívicas durante las fiestas patrias u otras efemérides. Están avisados los costarricenses de hacia dónde nos conducen los distractores sociales. Lero lero, calzón de cuero…




































