El pasado 23 de agosto acudí a la Asamblea General de mi partido Unidad Social Cristiana. Cumplía con mi deber de atender la primera reunión de ese órgano partidario del que soy miembro. Lo hice con interés en la elección de su Comité Ejecutivo para este período en el que, los tristes resultados para nuestra entidad en las recientes elecciones, ameritan mucha reflexión y visión para que nuestros ideales y valores puedan volver a ser más atractivos para los costarricenses.
Me proponía intervenir dando apoyo a la aprobación de que nuestro partido buscara alianzas electorales para las elecciones municipales de 2028 y nacionales de 2030. Eso representaba una nueva oportunidad para una posición que vengo propiciando desde 2018.
Al inicio de la sesión me lleve una enorme sorpresa cuando se leyó la siguiente moción presentada por un gran número de asambleístas:
“Moción de varios asambleístas nacionales y generales
El Partido Unidad Social Cristiana, fiel a sus principios de justicia, respeto al debido proceso y dignidad humana, reconoce que la decisión adoptada en octubre de 2004, mediante la cual se acordó la separación partidaria del expresidente de la República Miguel Angel Rodríguez Echeverría, no estuvo a la altura de esos principios y fue injusta.
El Partido reconoce sin ambages el agravio personal y político que aquella decisión significó para el expresidente Rodríguez, cuya trayectoria ha estado estrechamente vinculada al servicio de Costa Rica y al fortalecimiento de esta agrupación política.
Reconocer los errores cometidos fortalece a las instituciones y reafirma el compromiso del PUSC con los valores socialcristianos, el respeto a las personas y la construcción de una organización política que asume su historia con responsabilidad y sabe rectificar cuando corresponde.
Por ello el Partido Unidad Social Cristiana ofrece públicamente sus disculpas al expresidente Miguel Angel Rodríguez Echeverría por aquella decisión injusta. Este acto constituye un reconocimiento a su trayectoria y aporte al país y al PUSC, así como un ejercicio de justicia histórica y de responsabilidad institucional.”
Oír sorprendido la lectura de esa moción y recibir el prolongado aplauso de pie de los asambleístas me conmovió profundamente. Los duros recuerdos de aquellos crueles días de 2004 sacudieron mi alma, que compartieron con mi profunda gratitud por el inesperado homenaje y desagravio.
Espontáneamente manifesté a las amigas y amigos asambleístas las diferentes emociones que me embargaban.
Mi larga y temprana participación en los partidos que dieron origen posterior al PUSC, cuando con solo 16 años participé activamente en la campaña para elegir a Mario Echandi como candidato presidencial aquel 20 de enero de 1957 y posteriormente en diciembre de ese año en Esparta hice mi primer discurso de plaza pública y tuve el gusto de verlo ser electo presidente.
Mi permanente adhesión a las filas de estos partidos, sufriendo derrotas y celebrando victorias, participando en sus luchas por la libertad y dignidad de todas las personas, por la solidaridad y la fraternidad en al acción pública, por la institucionalidad democrática liberal, por la economía social de mercado, por el orden en las finanzas públicas y la eficiencia del estado y de los mercados, por la participación y la descentralización, a la par de la subsidiariedad.
También la angustia, la incredulidad y el dolor de las acciones del PUSC en ese 2004 que en esos momentos se hicieron presentes. La verdad es que la acción de mi partido fue increíble.
Un jueves un delincuente confesó sus acciones dolosas en varios casos por los que no se le persiguió, y en contubernio con la fiscalía y para lograr quedarse con mucho dinero, no ir ni un día a prisión y ser tratado por el Ministerio Público con guantes de seda sin nunca sufrir la ignominia de la perrera y el maltrato, me involucró en lo que luego fueron varias y contradictorias declaraciones.
Al día siguiente -sin siquiera convocar a ningún órgano partidario- los más altos dirigentes de mi partido, sin siquiera oírme, declararon a la prensa que había sido expulsado del PUSC. El Presidente Pacheco a quien yo había traído al partido, incluido en la papeleta presidencial de 1994 como candidato a la vicepresidencia y como diputado en 1998, pedía mi renuncia a la OEA y declaraba que no me volvería a saludar.
Y el siguiente día de sesiones de la Asamblea Legislativa el lunes 5 de octubre los diputados de mi partido votaron pidiendo mi renuncia de la OEA, con la excepción de solo Olman Vargas de Pérez Zeledón, Mario Calderón de Alajuela y Iliana Salas de San Ramón, a quienes se unió el entonces diputado independiente por San José Juan José Vargas que ahora honra al PUSC con su membresía.
Esa semana del 5 de octubre se reunió el Comité de Ética y con el voto en contra de su Presidente el Exmagistrado XXX y de Carlos Atillón decretaron mi expulsión.
Por eso no pude dejar de expresar en esa Asamblea mis sentimientos, no de odio ni de rencor, pero si de dolor y señalé: “La ignominia que me hizo mi partido no tiene nombre. Yo, por mi parre, nunca usé el partido para defenderme, fui solo a los tribunales a dar la cara, nunca llamé a nadie para que me acompañara. Nunca puse el partido a sufrir por lo que yo estaba pasando”.
Mi querida amiga y hermana del alama Rina Contreras hizo a la Asamblea una explicación de la moción y cuando me acerqué a agradecérselo me informó que había sido una linda iniciativa de Juan Carlos Hidalgo, quien la había consultado con Mariano Guardia, con Betsy Rojas, Agustín C astro y con ella, y que solo esa mañana se le había dicho a los muchos asambleístas que firmaron la propuesta.
Terminé esa memorable mañana señalando: ““Por eso recibo la disculpa, el partido estaba muy en deuda. Me duele en el alma que Lorena no esté acá. Ojalá que nuestra memoria histórica nunca se pierda. Ojalá que nos acordemos de dónde venimos, porque si uno no sabe de dónde viene, no sabe dónde va.”

































