La economista Mariana Mazzucato tiene una definición de valor que me parece muy acertada. Cuando habla de creación de valor ella dice que son los "procesos productivos reales que impulsan la innovación, mejoran las sociedades y generan un crecimiento saludable y sostenible".
Y de esta definición me gustaría profundizar en la frase "crecimiento saludable y sostenible", pues el Informe del 2026 de Circle Economy y Deloitte, en el que se analiza la brecha de circularidad, nos indica, basados en un informe del programa para el ambiente de Naciones Unidas, que: "el incremento en el consumo de materiales ya no genera mayores rendimientos. La productividad global de los recursos -es decir, la producción económica generada por unidad de material utilizado- se ha estancado en la última década".
La pregunta por responder entonces es: ¿por qué no enfocarnos en generar más valor para todos, en lugar de seguir con la extracción que genera tantos impactos negativos y además no está rindiendo más?
No estamos trabajando en pro de un crecimiento saludable y sostenible, pues seguimos devorando recursos sin generar mayor valor, que es lo que debería interesarnos.
Por eso es tan importante hablar más de lo que significa valor. No estoy sugiriendo que dejemos de de ganar, estoy proponiendo que sigamos ganando, pero, haciéndolo de una forma más equitativa. La lógica nos dice que, si el sistema en el que opera una empresa se empobrece y desacelera, la empresa puede sufrir las consecuencias.
Tiene más sentido, entonces, pensar en valor desde el punto de vista del equilibrio y del aprovechamiento de los recursos en su máximo potencial, antes de seguir extrayéndolos descontroladamente.
Según Deloitte, "cada ineficiencia en la gestión de recursos, cada producto desechado y cada activo subutilizado junto con sus costos ambientales y sociales asociados, no solo constituye una pérdida, sino también una oportunidad desaprovechada...".
¿Cómo aprovechar más los recursos entonces?, lo responde el mismo estudio: "las estrategias de economía circular y orientadas a la eficiencia y suficiencia en el uso de recursos a nivel sistémico, pueden generar beneficios económicos, sociales y ambientales concretos".
Debemos enfocarnos en la manera en que pensamos el producto desde que estamos en el laboratorio o en el proceso de innovación. Seguir creando soluciones que al final se amontonan en un relleno sanitario es un desperdicio y como dirían los ingenieros: "una ineficiencia a todas luces predecible".
La economía circular tiene su explicación más precisa desde el lado de la generación o pérdida de valor, pues gracias a los procesos que implica le permite a las empresas cuidar sus inversiones y transformar sus iniciativas, para que puedan proponer novedades sin dejar a un lado la manera en que el objeto será transformado, una vez que se haya concluido su primer uso
¿Cómo generará valor para todos, una y otra vez, esto que estoy imaginando y deseo poner en el mercado? Esta es la pregunta más relevante de todas las industrias hoy, si quieren tener un mañana.































