La lucha por la democracia, la libertad y el desarrollo institucional conducen a Costa Rica desde los albores de nuestra patria. El Pacto de Concordia con ser la primera constitución fijó el tono en el que el país se desarrollaría. Un pacto y concordia ciudadana, pocas cosas más sensatas y básicas para asentar la independencia. Juan Mora Fernández, un maestro no un militar, fue el otro pilar del naciente país. Educación, pacto ciudadano y concordia de los costarricenses fueron las premisas. Simplemente brillante y trascendente.
Don José María Castro Madriz y doña Pacífica Fernández Oreamuno sembraron otra base fundamental de la nación. Libertad de prensa, respeto para todos, y continuidad de educación y urbanidad fueron instituidos como principios. La bandera de Costa Rica con sus colores que rememoran a Francia establecía con ese gesto de admiración los valores compartidos: libertad, igualdad, fraternidad que sentaron claramente a la república en el campo de la democracia liberal. La defensa a ultranza que hiciera don José María de la libertad de prensa confirmaba que los principios tenían asidero en la realidad del país.
Jesús Jiménez Zamora con claridad reafirmó la educación, como base del desarrollo de Costa Rica. Su búsqueda de la educación obligatoria y gratuita sentaba la virtud que sería luego desarrollada por sucesivos presidentes.
Tomás Guardia Gutiérrez modernizó el estado costarricense. Dictó la constitución clásica del país que es madre de nuestra constitución política de 1949 en vigencia hoy día para satisfacción del país y beneficio de las generaciones posteriores. La abolición de la pena de muerte describe el sentido humano que buscó siempre desarrollar a través de su régimen. Le dio al país la simbología que todo estado requiere frente a los ciudadanos, la inicial separación de estado e iglesia, el orden y modernidad que Costa Rica necesitaba, acabó con los golpes de estado de los coroneles Blanco y Salazar y asentó los valores que sus antecesores habían sembrado exitosamente.
Bernardo Soto Alfaro y Pacífica Fernández Guardia ahondaron la separación de iglesia y estado y separaron la regencia de la educación de la iglesia. Esto generaría turbulencias políticas y sociales, pero le daría al país una ventaja impresionante a la hora de ir enfriando la influencia de la religión de la vida política de Costa Rica. Este ciclo terminaría desafortunadamente con la resolución judicial de la Sala IV en la administración de don Luis Guillermo Solís Rivera cuando con el nombramiento del primer obispo luterano del país como ministro de la presidencia, la Sala IV sentenció que la separación de la religión de la política abarcaba solo a la Iglesia Católica. Las bases de tal separación de los católicos estaban definidas en las actas de la constituyente de 1949.
Tres presidentes generaron una sujeción a la ley sin discusión en el país y fueron Ricardo Jiménez Oreamuno, Cleto González Víquez y Ascensión Esquivel Ibarra. Constitución, ley y mandatarios que buscaban asentar la legalidad en el país generaron una idiosincrasia de amplio cumplimiento legal que ha sido una extraordinaria herencia que los costarricenses deberíamos tener presente y defender cada día de nuestras vidas.
Don Rafael Ángel Calderón Guardia agregó virtuosamente la dimensión social a los aspectos humanos de educación y supresión de la pena de muerte y su legislación social ha privado por años en el país. Las leyes 4-3 que definen la jornada, actualmente en discusión parlamentaria, han hecho pensar a muchos que esa legislación social está por dar un vuelco hacia su debilitamiento. Don Rafael Ángel a su vez dotó al país de la columna vertebral de la paz social de Costa Rica. La Caja Costarricense de Seguro Social con su sistema de pensiones y su servicio de atención médica rompió con los sistemas de caridad que prevalecían. Salud y retiro fueron un adelanto único que nos colocaban a la vanguardia de los países americanos de habla hispana. Debimos modernizar esos sistemas con suficiente anticipación. Los sistemas de reparto y el envejecimiento de la población tienen un final predecible, ya que los trabajadores jóvenes aportaban las contribuciones que daban sustento a las pensiones de los viejos. Ahora los trabajadores jóvenes son decrecientes y los ancianos necesitados de recursos y de pensión somos más.
La fundación del ICE durante la gestión de la Junta de la Segunda República nos ha generado beneficios ingentes en energía, telefonía y desarrollo. También debe de ser modernizado para que su gestión no desmejore por desenfoque con la realidad tecnológica y de capitalización en el mundo actual.
La Constitución de 1949 dio el voto a la mujer. Este paso trascendental equiparó a hombres y mujeres como electores y generó un ambiente y una arquitectura democrática universal. La Carta Magna costarricense de 1949 generaba más democracia y abría el espectro político a todos los costarricenses por igual.
La administración de Teodoro Picado Michalski fundó el tribunal de elecciones que sería el organizador de los comicios. La constitución política de Costa Rica de 1949 le dio un estatus constitucional a dicho tribunal supremo de elecciones. Más democracia y más seguridades para el sufragio libre.
La civilidad ha jugado un papel muy importante en el país. La abolición del ejército con la Constitución de 1949, con la declaratoria de neutralidad perpetua y desarmada de Luis Alberto Monge Álvarez y los esfuerzos exitosos por alcanzar la paz en Centro América de Oscar Arias Sánchez asentó la paz, la neutralidad y la vida sin ejército ni autoritarismo.
Todos nuestros sucesivos mandatarios han seguido desplazando al país sobre el eje de libertad, democracia, desarrollo institucional, educación, humanidad, salud, previsión social, separación de religión y política, empleo, desarrollo, supresión del militarismo y el autoritarismo y un robusto sistema de legalidad. Esta secuencia nos describe las luchas del país desde su independencia. Todo ello me hace pensar y temer sobre la ausencia actual de un proyecto país, la falta de seguridad que vivimos, el deterioro de la salud, la caída de nuestra educación y claro está el futuro hacia el que nos dirigimos. La lucha entre los poderes del estado no es más que una advertencia de muy serios problemas presentes y futuros. Hay claramente una desafortunada ruptura actual del eje que hemos seguido desde la independencia.


































