Las pequeñas y medianas empresas (pymes) están en la mira de los ciberdelincuentes y para muchas de ellas, un solo ataque podría representar pérdidas difíciles de recuperar o incluso poner en riesgo la continuidad del negocio.
La falta de personal especializado, presupuestos limitados y conocimientos básicos sobre seguridad digital pueden convertir a las pymes en objetivos atractivos para quienes buscan robar información, dinero o credenciales.
Durante el último año, el 27% de las organizaciones sufrió al menos un ciberataque, según un reporte de ESET que consultó a más de 3.000 profesionales de ciberseguridad de América Latina.
Además, un 22% fue víctima de ransomware en los últimos dos años, una modalidad que bloquea o secuestra información y puede paralizar las operaciones de una empresa.
El riesgo aumenta conforme los negocios incorporan más tecnología a sus actividades diarias.
El correo electrónico, los servicios en la nube y el trabajo remoto son cada vez más utilizados por las pymes costarricenses, lo que también amplía los puntos desde los cuales un atacante puede intentar ingresar a sus sistemas.
Entre las amenazas más comunes están los correos falsos utilizados para robar contraseñas, conocidos como phishing.
También aparecen los ataques de ransomware, las filtraciones de información provocadas por configuraciones incorrectas y el uso de contraseñas débiles o repetidas en diferentes servicios.
Los ciberdelincuentes también pueden intentar ingresar a través de proveedores que tienen acceso a sistemas o información del negocio, aprovechando las conexiones dentro de una cadena de suministro.
“Cuando pensamos en ciberatacantes normalmente imaginamos grandes empresas, pero la realidad es que muchas veces las pequeñas y medianas empresas son objetivos más fáciles”, dijo Rolando Rojas, encargado de Infraestructura Tecnológica de la Dirección de Tecnologías de Información y Comunicaciones de la UNED.
Aunque la tecnología es parte del problema, el comportamiento de las personas también puede abrir la puerta a un ataque.
“Muchas veces el mayor riesgo no es tecnológico, sino humano, los ciberdelincuentes aprovechan errores cotidianos de las personas para acceder a la información de las empresas”, agregó Rojas.
La situación puede ser todavía más delicada para emprendimientos que se encuentran en sus primeros años de operación.
Y es que algunas pymes comienzan sus actividades de manera informal y mantienen prácticas que aumentan su exposición, como mezclar las finanzas personales con las del negocio, compartir credenciales o utilizar dispositivos personales para administrar cuentas empresariales.
También existe un riesgo financiero cuando los propietarios buscan opciones de financiamiento que parecen más sencillas y terminan entregando información confidencial a personas que utilizan técnicas de ingeniería social.
Para una pyme que inició con poco capital, recuperar el dinero o la información después de un ataque puede ser especialmente complicado.
La capacitación también representa un reto, ya que los presupuestos reducidos pueden limitar las posibilidades de contratar especialistas o desarrollar programas constantes para preparar al personal.
Los especialistas recomiendan comenzar por medidas básicas que pueden reducir considerablemente la exposición.
Entre las principales están:
- Activar la autenticación multifactor en todas las cuentas.
- Capacitar periódicamente al personal para identificar intentos de fraude.
- Mantener respaldos actualizados y probar su recuperación.
- Actualizar sistemas operativos, aplicaciones y equipos.
- Establecer políticas de acceso a la información y protocolos de respuesta ante incidentes.
- Utilizar contraseñas robustas y diferentes para cada servicio.
“La ciberseguridad no es un producto que se compra una vez; es una práctica continua que debe formar parte de la gestión diaria de cualquier organización”, finalizó Rojas.