Organizaciones enfrentan un cibercrimen más especializado y automatizado
La telemetría de FortiGuard Labs evidencia una actividad constante de los atacantes en busca de infraestructura expuesta y vulnerabilidades
El panorama de ciberseguridad en América Latina evidencia una transformación en la forma en que operan los delincuentes digitales.
El cibercrimen ha dejado de concentrarse en ataques aislados y ha evolucionado hacia un ecosistema especializado, con proveedores de servicios, modelos de negocio y herramientas que permiten ejecutar operaciones a gran escala.
Arturo Torres, director de Inteligencia de Amenazas para América Latina y el Caribe, indica que esta realidad plantea un desafío común para organizaciones de diferentes sectores.
“He tenido la oportunidad de conversar con líderes de tecnología y ciberseguridad de diferentes organizaciones en América Latina. Aunque pertenecen a industrias distintas, prácticamente todos comparten el mismo reto: proteger su información, mantener la continuidad de sus operaciones y cumplir sus objetivos de negocio frente a adversarios que cada vez operan con mayor velocidad y especialización”, señaló Torres.
El Global Threat Landscape Report de FortiGuard Labs muestra que las amenazas actuales van más allá del malware y el ransomware.
El reconocimiento automatizado, la explotación de vulnerabilidades, el robo y comercialización de credenciales, las botnets y los servicios criminales forman parte de un entorno en el que también aumenta el uso de inteligencia artificial para automatizar distintas etapas de los ataques.
“Hay una variable que considero especialmente importante: el tiempo. Los adversarios pueden buscar infraestructura expuesta de manera constante, identificar una vulnerabilidad y tratar de convertir esa exposición en acceso. Para los defensores, esto significa que ya no basta con preguntarnos si contamos con las tecnologías adecuadas; también debemos preguntarnos qué tan rápido podemos identificar, priorizar y responder ante una amenaza”, indicó Torres.
Por ello, las organizaciones deben evaluar no solo las herramientas con las que cuentan, sino también la velocidad con la que pueden detectar, priorizar y responder ante un incidente.
Los datos recopilados por FortiGuard Labs también permiten dimensionar la actividad maliciosa dirigida hacia Costa Rica.
Durante los primeros seis meses de 2026 se detectaron 313 millones de eventos maliciosos en el país.
Dentro de esa actividad se identificaron alrededor de 75 millones de escaneos activos, una señal de que existen procesos automatizados que buscan de manera constante infraestructura expuesta, servicios disponibles y posibles vulnerabilidades.
A esta actividad se suman métodos conocidos que continúan siendo efectivos, como los ataques de fuerza bruta contra servicios expuestos, la explotación de dispositivos IoT, el aprovechamiento de vulnerabilidades conocidas y la distribución de malware mediante campañas de phishing y documentos maliciosos.
“Esto nos deja una lección importante: no todo lo que funciona para los atacantes es nuevo. Podemos hablar de inteligencia artificial, automatización y nuevas herramientas criminales, pero una vulnerabilidad sin parchear, una contraseña comprometida, un servicio innecesariamente expuesto o un usuario engañado siguen siendo suficientes para iniciar un incidente”, comentó Torres.
Frente a este escenario, el especialista plantea que la ciberseguridad debe asumirse como una responsabilidad compartida dentro de las organizaciones.
Torres sugiere que la capacitación, por ejemplo, debe alcanzar a los colaboradores que tienen acceso a información, aplicaciones o servicios corporativos, ya que todos forman parte de la superficie de riesgo.
Otro elemento destacado es mantener una visión permanente de los activos tecnológicos. Hardware, software, identidades, aplicaciones en la nube, dispositivos IoT, accesos remotos y sistemas expuestos requieren una evaluación continua que permita conocer dónde están los principales riesgos.
A su vez, el especialista destaca la importancia de fortalecer la capacidad de respuesta ante el volumen de alertas que reciben los equipos de seguridad.
“La estrategia debe avanzar hacia plataformas integradas donde telemetría, inteligencia de amenazas, automatización e inteligencia artificial trabajen en conjunto para ayudar a los equipos de seguridad a detectar comportamientos anómalos, correlacionar información y responder con mayor velocidad”, añadió Torres.
En FortiGuard Labs, parte de esta labor consiste en convertir grandes volúmenes de telemetría en información útil para las organizaciones, mediante el análisis de vulnerabilidades explotadas, malware, botnets y nuevas técnicas utilizadas por los ciberdelincuentes.
El escenario plantea un reto que trasciende la adopción de herramientas individuales, pues, a medida que los grupos criminales especializan y automatizan sus operaciones, las organizaciones requieren combinar tecnología, conocimiento, capacidades humanas e intercambio de información para fortalecer su capacidad de prevención y respuesta.