Los datos personales suelen ser gestionados por los usuarios con menos cuidado del necesario, pese a que esta información adquiere cada vez mayor relevancia para realizar ataques cibernéticos más complejos y personalizados.
La evolución de la inteligencia artificial (IA) es uno de los factores que ha brindado nuevas herramientas a los ciberdelincuentes para identificar vulnerabilidades.
La cantidad de información disponible sobre una persona puede facilitar la creación de ataques más personalizados. Datos como el nombre, lugar de trabajo, familiares, fotografías, correo electrónico o hábitos pueden combinarse para construir mensajes y escenarios más creíbles.
Con apoyo de la inteligencia artificial, los ciberdelincuentes pueden utilizar esa información para redactar comunicaciones que imiten el lenguaje de una empresa o persona conocida y aumenten la apariencia de legitimidad del engaño.
“Los ataques con IA se han vuelto tan sofisticados que pueden emular la voz y la imagen. Lo que, para una inteligencia artificial, si tiene toda la información del usuario, será muy fácil crear un escenario y unas condiciones en las que para vos sea mucho más fácil caer en una estafa. Entonces la privacidad es uno de los grandes cambios que tenemos que ir abordando y, sobre todo, apropiándonos de ella como consumidores y usuarios”, señaló la gerente general de Cyber Cluster.
La especialista resalta que, ante la alta automatización y la necesidad de obtener respuestas rápidas en el día a día, existen riesgos asociados a acciones aparentemente simples. Por ejemplo, hacer clic en un mensaje desconocido que suplante la identidad de una empresa podría abrir la puerta a una estafa.
Además, la gestión de los datos personales no se limita a las redes sociales, ya que sitios web utilizados para acceder a redes Wi-Fi también pueden convertirse en una puerta de entrada para los ciberataques si la información no se proporciona de manera cuidadosa.
“Es una reflexión que, como consumidores y usuarios, debemos hacer sobre nuestra capacidad para identificar todos los sitios, aplicaciones y espacios donde hemos ingresado nuestros datos, ya que usar el mismo correo para registrarse en aplicaciones, conectarse al Wi-Fi de un hotel o ingresar al banco abre la posibilidad de nuevos riesgos y amenazas, cada vez más complejas”, explicó Taborda.
El papel de las instituciones
Con el paso de los años, las empresas se han visto obligadas a fortalecer sus operaciones digitales para evitar que la confianza de sus clientes quede expuesta.
“Hoy en día, la ciberseguridad no es opcional. Debe ser transversal a todas las áreas de la institución y formar parte de nuestra cultura y de la manera en que operamos. No se trata solo de aplicar seguridad a un producto, sino de proteger a las personas, los clientes, los colaboradores, el entorno y todos los elementos involucrados. Y por eso es que protegemos a nuestros clientes con las mejores tecnologías”, indicó Ernesto Leal, CEO de Banco Promerica Costa Rica.
No obstante, aunque las grandes instituciones mantienen estos riesgos bajo monitoreo, existen compañías de menor escala que todavía no incorporan un modelo integral de gestión de datos o de ciberseguridad.
Este es uno de los sectores en los que la gerente general de Cyber Cluster resalta la necesidad de aumentar la conciencia y fortalecer las medidas de protección digital.
“Las empresas también tienen que estar conscientes, y ese es un llamado especialmente importante para sectores que tal vez no son tan tecnológicos y para las empresas pequeñas, porque, lamentablemente, en este proceso de transformación digital, tal vez no son tan conscientes de los riesgos que existen cuando los datos no son manejados con seguridad”, expresó Taborda.
En esa línea, estas empresas pueden tomar como referencia las acciones implementadas por organizaciones que ya cuentan con modelos estructurados de protección digital o buscar asesoría especializada para evitar que la información de sus usuarios quede expuesta por situaciones ajenas a sus servicios o productos.
“La confianza debe gestionarse como infraestructura y como un activo estratégico para el desarrollo del negocio. No se trata de administrar una imagen, sino de construir confianza desde la transparencia, el diseño resiliente de los servicios y la genuinidad en la interacción”, mencionó Leal.
En consecuencia, la administración de datos personales en entornos digitales se convierte en una responsabilidad compartida, en la que tanto las organizaciones como los usuarios tienen la posibilidad de fortalecer sus propios mecanismos de seguridad.
“Hoy en día, nadie va a construir un local comercial o una casa sin contemplar la seguridad desde el primer día. A nivel digital es exactamente lo mismo. Los usuarios deben conocer su derecho a exigir información sobre dónde quedarán sus datos y por qué deben proporcionarlos, para poder decidir de manera informada si aceptan o no un servicio”, concluyó Taborda.