Es claro para los costarricenses y cada vez más que el insulto, las descalificaciones y los gritos destemplados no constituyen un buen gobierno. Eso todos los sabemos y lo requetesabemos. En un inicio, cuando este proceso se iniciaba muchos nos divertíamos escuchando lo que había sido censurado socialmente por toda la vida. Otros gozaban porque quien gritaba e insultaba lo hacía en contra de quienes habían gobernado por mucho tiempo y sus agrupaciones políticas habían incurrido en corrupción, en abusos, en actitudes y conductas censurables. Los que gritaban eran nuestros voceros que decían lo que nosotros no nos atrevíamos a decir. Muchos deseaban gritar y otros simplemente insultar. Muchos costarricenses agradecían la agresión contra quienes dictaban sentencias pues por cada juicio unos ganaban y otros perdían. El atacar a jueces y magistrados con hermosas oficinas, en edificios de mármol, que viajaban en buenos automóviles y vestían de corbata a diario era un desahogo, casi como una revolución social sin violencia. Gritar a quienes habían condenado a muchos y absuelto a otros tenía a la mitad de la población en su contra. Con muchos gritos, insultos y descalificaciones iba a desatar el líder de este movimiento iconoclasta de irrespeto constante apoyo y aplausos.
Lo que llamó la atención hace cuatro años ya comienza a generar hastío. Las conferencias impidiendo que la prensa canalla participara ya han perdido ambiente. La prensa vasalla o la prensa comprada y convertida en coro del gobierno ya ha sido plenamente identificada por los costarricenses. Todo resulta como en la novela el Gatopardo dónde uno de los personajes decía que para que todo siga igual ha de cambiar algo…En este caso las figuras que desempeñan el papel central en la política de nuestros días pareciera que se parecen como una gota de agua a otra cuando se les compara con algunas de las anteriores solo que menos irrespetuosas y maleducadas, para muchos solo es cuestión de estilo. Muchos han disfrutado de esta etapa, pero lo que ha ayudado a uno no está sentando mucho a la otra.
Difícil situación la de nuestro hogar común. Los problemas principales del país siguen sin atenderse y no hay meritocracia que sepa ni pueda hacerlo en el presente. Todos los grandes problemas están vivos y sin soluciones propuestas. Los problemas sin solución empeoran con el tiempo. Hay un alto costo de oportunidad que pesa contra Costa Rica. En la posposición de soluciones y en la incapacidad de lograr materializarlas se juega el futuro de nuestros hijos e hijas, de nuestros nietos y nietas. Los problemas sin solucionar aumentan en su gravedad hasta que llega el momento en que se muere el paciente.
El país necesita con urgencia formar cuadros de los mejores profesionales del para construir nuestro futuro. Estos cuadros deben de crear estrategias, tácticas y soluciones de desarrollo para Costa Rica, no más ocurrencias. El país requiere con espíritu de urgencia de esas soluciones de diversa índole y naturaleza. Se requiere abordar la educación ya que sobre ella se construye nuestro futuro. Se necesita atender la salud y disminuir las colas en la CCSS. Si se nos mueren los costarricenses no hay forma de superar los demás problemas. Requerimos excelentes administradores públicos que equilibren las cuentas, que enfrenten la deuda externa, que valoren el tipo de cambio en punto de equilibrio y que modernicen los sistemas de administración. El país necesita un proyecto de desarrollo. ¿Qué debemos hacer para alcanzar nuestros objetivos nacionales? ¿Cuál es el camino que debemos transitar? Pero por el momento seguimos a una señora de calidad fingiendo un rictus y un tono que no le son propios cuando su autenticidad haría un mundo de diferencia.
Dios salve a Costa Rica.






























