María Luisa Avila

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Jueves 28 Noviembre, 2013

El hallazgo de que la exposición a la pobreza en la infancia afecta significativamente el desarrollo del cerebro en la edad escolar subraya aún más la importancia de la atención a los efectos deletéreos de la pobreza en el desarrollo infantil


Tricotomia

La revista JAMA en su número de octubre del presente año, publica un interesante artículo de Luby y colaboradores donde demostraron el efecto negativo de la pobreza en el desarrollo cerebral.
Por medio de un estudio longitudinal de hasta diez años de seguimiento, midieron las habilidades cognoscitivas, el desarrollo de las emociones y los cambios anatómicos en el cerebro de niños de San Luis, Washington. Encontraron menor rendimiento escolar, menor control de impulsos, reducción en el volumen —medidos por resonancia magnética— de la sustancia blanca y gris del cerebro, así como del hipocampo y la amígdala cerebelosa.
Estas últimas dos estructuras se relacionan con la capacidad de aprender, de discernir de manera correcta la realidad, del manejo de las emociones, entre otros.
El hallazgo de que la exposición a la pobreza en la infancia afecta significativamente el desarrollo del cerebro en la edad escolar subraya aún más la importancia de la atención a los efectos deletéreos de la pobreza en el desarrollo infantil.
Estos resultados sugieren que los esfuerzos para mejorar los cuidados y atenciones ofrecidas a los niños en sus primeros años de vida deben ser un objetivo de la salud pública, centrados en la prevención y la intervención temprana.
Los efectos negativos de la pobreza sobre el desarrollo del niño son evidentes y estos nuevos datos confirman que los efectos se extienden al desarrollo del cerebro.
En nuestro país, leyendo el informe del Estado de la Nación y los indicadores de pobreza dados a conocer por el INEC, no nos cabe duda que programas como los CEN-CINAI impulsados y fortalecidos en el Gobierno de don Óscar Arias y la actual red de cuido de la Presidente Chinchilla deben permanecer vigentes en todos los gobiernos futuros.
La inversión para mantener a nuestra niñez saludable, educada, bien alimentada y fuera de la pobreza redundará en un mejor país.
Debemos preguntarnos cuánto se está invirtiendo, pero sin dejar de analizar cuánto estamos perdiendo y perderemos en el futuro de no hacerlo.
Un reto para los políticos, que será asumido solo por aquellos con visión de largo plazo, ya que sus resultados sobrepasarán muchas administraciones.
Por ende invertir en la niñez es un imperativo ético, que redundará en beneficio económico y social.
 

María Luisa Ávila