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Martes, 18 de diciembre de 2018



EDITORIAL


Semana de reflexión

| Miércoles 04 abril, 2012




Mitiguemos el dolor de los que sufren, legislando responsablemente, gobernando con justicia, dando algo de lo que tengamos

Semana de reflexión

Esta semana, la celebración más antigua e importante del cristianismo, invita a reflexionar en la facultad que tiene el hombre de anteponer al mal la supremacía del bien, esa capacidad de pasar de la sombra a la luz, de la muerte a la vida.
La Pascua invita a que unamos esfuerzos por que las cosas mejoren para los que menos tienen —espiritual o materialmente—, para que partidos políticos, ciudadanos y gobernantes busquen la reconciliación, la paz y la esperanza.
Ahora que el país se da un receso, es bueno reflexionar sobre los deberes que atañen a cada uno de nosotros en cuanto al futuro colectivo como costarricenses.
Cuando el poder descansa en un solo grupo o una sola persona, los demás abdican su responsabilidad, pero en nuestra realidad, ocurre que la autoridad se encuentra repartida entre distintos partidos políticos, fracciones legislativas e incluso entre el sector privado, y la prensa, por citar algunos ejemplos.
Por eso todos quienes participan de esta autoridad deben aceptar que si bien el poder depara momentos gratificantes, a la vez entraña una responsabilidad que solo se puede cumplir anteponiendo a cualquier interés particular, el interés colectivo.
A pesar de los problemas que nos agobian, económicos, fiscales, la violencia o ingobernabilidad, debemos ser solidarios con aquellos que sufren con mayor rigor las consecuencias de nuestra problemática.
Hagamos algo por los enfermos, por quien no tiene un techo, por los que buscan trabajo, por los presos, por los rechazados... por los que no tienen la esperanza que depara esa fe en un Ser Supremo que nos ampara en su amor.
Es hora de que adquiramos un compromiso personal por mitigar el dolor de los que sufren, dando algo de lo que tengamos, legislando responsablemente gobernando con justicia.
La autoridad se legitima únicamente si busca el bien común y cuando, para lograrlo, utiliza medios moralmente lícitos.