Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 27 Mayo, 2013

Pasan los años y no hemos logrado racionalizar el debate legislativo. … el respeto a los demás es base de una buena convivencia social


Respeto al prójimo y convivencia social


El pasado miércoles 22 formé parte de la Asamblea  que eligió a Carlos Palma Decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la UCR. Experimenté una enorme alegría al vivir, en esa actividad, la responsabilidad y el respeto a los demás  que privaron. Quiero compartir esos sentimientos con usted amable lector, porque creo que el respeto a los demás es base de una buena convivencia social.
En estas elecciones  los proponentes de cada candidato disponen de 10 minutos para hacer sus presentaciones, y ese tiempo se  reparte en partes iguales entre las personas que quieran apoyar a un mismo candidato. Hubo 2 candidatos bien conocidos  y con méritos para aspirar a la decanatura, Don Carlos Palma y Don Carlos Murillo, el primero obtuvo  61 votos y  el segundo 58.
Fue admirable la responsabilidad y el respeto de los oradores para sus colegas. En favor de  Don Carlos Murillo se expresaron dos profesores. Con derecho a 5 minutos, ninguno pasó  de 4. En ese muy breve lapso expresaron con claridad sus razones. No abusaron del tiempo de quienes los escuchábamos, ni usaron frases grandilocuentes, ni parábolas  rebuscadas. Se concretaron a su tema. Cuando llegó el turno a los oradores que favorecían a Don Carlos Palma por ser 4 les correspondían 2 minutos y medio a cada uno. Ninguno uso más de 2 minutos, y  pudieron -al igual que los oradores que les precedieron- explicar convincentemente  sus ideas.
¿Por qué no actuar de esa manera en nuestra vida social? Cuando fui diputado me llevaba a mi curul correspondencia para estudiar, tramitar y contestar, pues de otra manera la mayoría de las sesiones eran un desperdicio de tiempo, que es vida. De seguro mis colegas habrán pensado lo mismo de algunas de mis intervenciones. Pero pasan los años y no hemos logrado racionalizar el debate legislativo como lo compruebo cada vez que en el radio de mi auto escucho el Congreso.  No les importa a algunos diputados hacer perder semanas enteras a sus compañeros continuando con la reiteración de decenas de mociones que ya saben van a ser rechazadas  con ni siquiera cinco votos a favor.
Cuando asisto a conferencias y presentaciones compruebo que los expositores repetimos argumentos que ya otros han dado, como si fuera la redundancia la que estableciera la verdad o conveniencia de una tesis.
Estas son manifestaciones de un mismo vicio que de otras formas se reitera: la falta de respeto por los demás, por su tiempo, por sus vidas. Es muy nocivo perder de vista que el irrespeto a los demás debilita y fragmenta la convivencia social.
Irrespetamos a los demás con nuestra proverbial falta de puntualidad. ¡Qué importa que quien me espera pierda su tiempo! Somos irresponsables ante el prójimo cuando parqueamos indebidamente atrasando a los demás conductores. Somos irrespetuosos de nuestros semejantes cuando faltamos a la honestidad intelectual en el debate, cuando juzgamos con reglas distintas a compañeros  y a adversarios, cuando recurrimos a sofismas para vencer en la discusión.
¡Qué bueno sería para nuestro país que actuásemos como los oradores en la Asamblea de Facultad de Ciencias Económicas!

Miguel Angel Rodríguez