Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 6 Diciembre, 2011


Reflexiones: Transporte público carbono neutral


Un gran desafío país es la disminución de emisiones de gases que provocan el efecto invernadero y que son, entre otras, una importante razón que motiva los cambios del clima global. En particular para Costa Rica, la mayor cantidad de emisiones se producen en el sector transporte, particularmente, por el uso de combustibles fósiles, tales como el diesel y la gasolina.
Existen múltiples externalidades o efectos negativos no deseados por el uso de combustibles fósiles, la más conocida es el efecto invernadero por las emisiones de CO2 a la atmósfera. Sin embargo, existen efectos locales puntuales significativos por los niveles de concentración de gases en las cabeceras de provincia y la emisión de partículas en lugares de alto transito y poca ventilación, tal como es el centro de las ciudades.
La solución no es una tarea fácil, dada la creciente tendencia a vivir en ciudades y al uso de sistemas de transporte individual, lo que de una u otra forma pone presión sobre el consumo de energía del sector transporte.
Es evidente que el cambio en el patrón de uso, eficiencia y, sobre todo, planificación del transporte público, reviste trascendencia a la hora de reducir de manera sustantiva las emisiones del sector.
El uso de tecnologías automotrices más eficientes, motores con mayor eficiencia y alternativas colectivas como el TREM o el TROLEBUS pueden ayudar a corto plazo a aliviar algunos efectos graves. Sin embargo, si se quiere reducir sustantivamente el problema, se debe cambiar de tecnología.
Al respecto, flaco favor le hacemos al país permitiendo la importación de vehículos de segunda mano del mundo desarrollado o la construcción de mayores facilidades como la refinería petrolera que pretende RECOPE. Se requiere por el contrario, el impulso a tecnologías híbridas y cambio a motores eléctricos, que tienen coeficientes de eficiencia mucho más altos y que podrían, de verdad, reducir a cero las emisiones en sitio.
Para lo anterior se requiere el concurso de todos los actores del sector. Una tarifa ambiental que incorpore las emisiones como costo o como ingreso, según sea el tipo de vehículo, una mayor presencia de los bancos que colaboren a financiar el cambio de tecnología hacia autobuses y automóviles cero emisiones, el concurso del Estado que define prioridades y orientaciones claras en cuanto al transporte público y, por supuesto, el concurso de los actores privados que apuesten por la innovación.
Todos somos hoy parte del problema, pero más importante, todos podemos ser parte de la solución. Seguramente, es utópico pensar que en unos cuantos años se pueda reconvertir toda la flota pública de autobuses y taxis, pero ha llegado la hora de empezar.
Debemos permitir a los empresarios innovadores avanzar y premiar, como sector público, este esfuerzo por nuestro futuro, por nuestros niños y por el ideal de tener un día una ciudad limpia y un transporte público carbono neutral.

Leiner Vargas Alfaro
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