¿Por qué las elecciones estadounidenses demoran tanto tiempo?
Los motivos de que las elecciones en EE.UU. sean tan largas son la planificación y la dificultad para generar un cambio. AFP/La República
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El 2 de agosto, Canadá disolvió su Parlamento y allanó el camino para las nuevas elecciones de octubre. La campaña, que duró 78 días, fue inusualmente extensa para el país.

El mismo día, la carrera por la presidencia en EE.UU., que comenzó formalmente cuando Ted Cruz anunció su candidatura el 23 de marzo, ya llevaba 132 días. Durante el periodo en el que Canadá llevaba a cabo sus elecciones, el cambio total en la selección estadounidense fue la suma de un candidato (Larry Lessig), lo que llevó la cifra total de candidatos principales a 20 (según lo que usted considere “principal”). También se realizaron dos debates durante ese tiempo. Eso es todo.
Los primeros votos no se registraron hasta después de transcurridos 315 días a partir del anuncio de Cruz. Los candidatos ya realizaban una campaña informal mucho antes de su ingreso oficial, por supuesto, y aún quedan varios meses por delante.
Entonces, ¿por qué las elecciones en EE.UU. son tan largas, cuando en Canadá terminan tan rápido?
Por dos motivos. El primero es la planificación. El segundo es la dificultad para generar un cambio.
Se puede decir ahora mismo cuándo serán las elecciones de 2244. Serán el 5 de noviembre de ese año. Estados Unidos celebra elecciones presidenciales cada cuatro años, como un reloj. Noviembre de 2000, 2004, 2008, 2012, 2016, 2020... 2240, 2244. Está escrito en la Constitución, el documento que estructura el gobierno de EE.UU.
Eso significa que el día después de la elección de un nuevo presidente, sabemos con exactitud cuándo se volverá a postular o cuándo se elegirá un sucesor en caso de que el primero alcance su límite de dos periodos.
La primera mención de la carrera electoral 2016, después de que el presidente Obama fuera reelecto el 6 de noviembre de 2012, se realizó en el Boston Herald el 7 de noviembre de 2012. Kimberly Atkins del Herald habló con un experto: “No creo que Mitt Romney, el oponente republicano de Obama en esas elecciones intente regresar”, expresó el experto en campañas presidenciales Richard Benedetto acerca de las elecciones de 2016.
“La campaña de 2012 no cobró fervor hasta después de las elecciones intermedias de 2014, pero incluso así fue alrededor de 730 días antes de la votación en 2016”.
En la mayoría de los países que tienen elecciones, el proceso es diferente. En el sistema parlamentario, como el de Canadá, se llama a nuevas elecciones una vez que se disuelve el parlamento o el gobierno actual, y la votación se realiza solo unos meses después. Esa es la temporada de elecciones, que finaliza casi tan rápido como comienza.
El Reino Unido decidió apartarse de ese sistema y aprobó una ley en 2011 en la que se establecían fechas fijas para las elecciones cada cinco años. Tal como informó Bloomberg News en 2013, el cambio pretendía, en parte, ayudar a los partidos políticos a decidir cómo permanecer dentro de los límites de gastos autorizados. Si esto termina siendo perjudicial, como prevemos que será, el parlamento británico puede simplemente aprobar una nueva ley para cambiarlo.
Para que Estados Unidos modifique la manera en que elige presidente, debería enmendar la Constitución, un proceso que requiere un enorme apoyo popular y cohesión política, y que no se ha hecho desde 1971. Un cambio como este requeriría el apoyo de dos tercios de la Cámara y el Senado o respaldo mediante una convención constitucional con dos tercios de los legisladores de los 50 estados. Luego, la enmienda debe ser ratificada por tres cuartos de los estados.
No hay mucho incentivo entre los políticos para cambiar el proceso electoral. Al igual que en el Reino Unido, a los partidos políticos les conviene tener plazos definidos para poder planificar. Además, los partidos tienen un proceso primario extenso que los estados serán reacios a abandonar, ya que garantiza que los candidatos realizarán un recorrido para abordar personalmente a los votantes. Con los políticos, los partidos y los estados alineados contra esa idea, enmendar la Constitución parece poco probable.


The Washington Post
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