Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 15 Marzo, 2010


Palomas


Hace 20 años se celebraba el Festival Internacional de Teatro San José por la Paz que antecedió a los Festivales Internacionales de la Artes (FIA). En aquel entonces —al igual que este año— don Oscar Arias terminaba un gobierno, el Ministerio de Cultura quería celebrarlo a lo grande y todos estábamos llenos de gozo. En esta ocasión los artistas nacionales no están muy satisfechos.
El inolvidable Festival de 1990 tenía en su logotipo una paloma. Claro, también se celebraba la reciente entrega del Premio Nobel de la Paz al señor Arias.
Curiosamente la relación entre las palomas y la paz tiene poco más de seis décadas. Luego del final de la Segunda Guerra Mundial, en 1949, el Movimiento mundial de los partidarios de la paz le solicitó a Pablo Picasso realizar un dibujo que simbolizara la paz y así surgió el famoso dibujo de la paloma con una rama de olivo en el pico. Ese mismo año Picasso tuvo una hija a la que nombró Paloma.
Sin embargo las palomas no solo han representado la paz. Hasta hace pocos días y desde 1879, estos pájaros eran miembros activos del Ejército de Tierra Español. Resulta que durante más de un siglo la posesión y utilización de palomas mensajeras en España era regulada por el Ministerio de Defensa. Los presidentes de las Federaciones de Colombofilia en ese país eran militares: ni una sola de estas palomas podía volar sin autorización militar.
Y aunque durante la guerra civil española desempeñaron un papel importante en la mensajería bélica, el avance en las comunicaciones las había relegado hasta olvidarlas en un último palomar militar que fue cerrado hace dos años.
La semana pasada el Ejército publicó un decreto real en el que deja de considerar a las palomas instrumentos de guerra aunque aclara que podrían ser enlistadas si la patria lo demandara.
La liberación militar de las palomas mensajeras de España en medio del boom de las comunicaciones no deja de tener un sabor romántico y nostálgico.
Mientras tanto en el centro de nuestra ciudad las palomas —no mensajeras-— no son controladas por nada ni por nadie. Más cercanas a las ratas que a cualquier ave, viviendo en el hacinamiento y la contaminación, las palomas amenazan a los transeúntes con sus múltiples enfermedades que pueden provocar en el ser humano desde meningitis, hasta una gran variedad de males respiratorios pasando por gastroenteritis y toxoplasmosis. ¡Aunque parecen pacíficas nuestras palomas son un peligro!
Provocando un grave deterioro en los monumentos histórico, las ticas no tienen nada que envidarles a las colombas venecianas en cuanto a destrucción del patrimonio: el Teatro Nacional es una víctima diaria de su anidamiento.
Y mientras el Festival Internacional de las Artes —ahora bajo el manto del Teatro Nacional— se inicia, nada es lo que era antes.
Las palomas no son símbolo de la paz, ni mensajeras de la guerra: solo unas ratas aéreas que destrozan la ciudad.
Don Oscar no es más el joven aún casado con la carismática Margarita que —enarbolando el Premio Nobel de la Paz— era ovacionado por todos al terminar su primer mandato.
Y el FIA no es el inigualable Festival de Teatro que Dionisio Echeverría llevara a cabo dejándonos a todos boquiabiertos.
Hay cosas que evocan los recuerdos con nostalgia. Esta vez fueron las palomas…

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