Costa Rica encabeza la adopción de inteligencia artificial en América Latina. El informe más reciente del Microsoft AI Economy Institute ubica al país con un índice del 26,5% de la población en edad laboral usando herramientas de IA generativa al cierre del 2025, dentro de los primeros treinta del mundo.
Es una buena noticia, pero conviene leerla entre líneas, porque ese indicador mide personas, no organizaciones. Hay una distancia enorme entre un colaborador que resuelve su correo con IA y una institución que cambió de verdad su forma de operar.
Esa distancia tiene nombre y tiene precio. Según Boston Consulting Group, que analizó setenta transformaciones digitales y consultó a más de ochocientos ejecutivos, solo el 30% alcanzó sus objetivos. Eso quiere decir que siete de cada diez iniciativas quedan por debajo de lo "planeado" y "prometido".
La causa casi nunca es la tecnología. Es el desfase entre dos relojes que corren a velocidades distintas. El Dr. George Westerman, investigador del MIT con quien tuve la oportunidad de estudiar este tema, lo resumió en lo que él llama la Primera Ley de la Innovación Digital: "La tecnología cambia rápido, pero las organizaciones cambian mucho más lento".
El problema de fondo es que la tecnología avanza de forma exponencial y nosotros pensamos de forma lineal. Sobreestimamos lo que una herramienta hará el próximo trimestre y subestimamos lo que hará en un par de años. Mientras tanto, nuestros presupuestos, estructuras y procesos siguen diseñados para el reloj que avanza despacio.
Costa Rica ya cuenta con una Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024-2027 (MICITT, 2024), y eso es un buen primer paso. Sin embargo, entre una estrategia-país y la estrategia de una organización existe una brecha considerable. Ahí está lo difícil: la estrategia de adopción de cada organización tiene que responder a su visión, a sus objetivos de negocio, a sus operaciones y a su gobernanza. Nunca al revés. La tecnología apoya al negocio; no lo dirige.
Antes de dejarnos llevar por el impulso de aprobar el siguiente presupuesto de tecnología, conviene hacer un diagnóstico honesto, interno y en muchos casos incómodo. Para eso quiero presentar el Digital Mastery Framework (Marco de Maestría Digital), desarrollado por George Westerman, Didier Bonnet y Andrew McAfee a partir de una investigación con cientos de grandes empresas y publicado en Leading Digital (2014).
El modelo es simple, y por eso funciona. Cruza dos dimensiones:
La capacidad digital: qué tanto la tecnología está incorporada en los procesos reales de la organización, la experiencia del cliente, las operaciones, el trabajo diario de la gente.
La capacidad de liderazgo: la habilidad de imaginar un futuro distinto, comprometer a las personas con él y sostener el cambio en el tiempo.
Adaptado de: Westerman et al. (2014)
Del cruce salen cuatro perfiles.
Los Principiantes: sistemas viejos, iniciativas aisladas, un liderazgo que reacciona en vez de anticipar. Ven la transformación como un riesgo, no como una prioridad.
Los Fashionistas: compran todo lo que sale. Tienen las herramientas de moda, pero sin una visión que las una: aplicaciones que no conversan entre sí, proyectos que no escalan, victorias que no duran.
Los Conservadores: son quizá el caso más frecuente en organizaciones maduras y en buena parte del sector público. Liderazgo sólido, gobernanza rigurosa, disciplina y una prudencia tan grande que termina saliendo cara. Su visión es incremental y, por miedo a fallar, invierten poco en innovación.
Los Maestros Digitales: no compran tecnología, la integran alrededor de una visión que su gente entiende y quiere. Innovan de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba.
Aquí está el punto que más me interesa: los cuatro cuadrantes describen problemas de liderazgo, no de tecnología. Ninguna organización sube de cuadrante comprando mejores licencias ni plataformas de moda. Por eso, mientras lee estas líneas, mi invitación es sencilla: ubique dónde se encuentra su organización. En un cuadrante, tal vez entre dos. Ese examen de conciencia es incómodo, pero explica mucho de lo que hoy en día funciona o de por qué existen fallas repetidas en su adopción tecnológica.
Cerrar esa brecha no es asunto de presupuesto, sino de capacidad de liderazgo. Y el primer paso lo marca la visión, no un plan tecnológico. Una visión que vincule a los equipos que van a implementarla, no un KPI más de la alta gerencia; una visión que inspire a los trabajadores y no solo a los directores o a los inversionistas.
Después viene el compromiso de las personas. Quien no entiende por qué está cambiando algo, se resiste: a veces de frente, casi siempre en silencio. Y la gobernanza, que no debería limitarse a aprobar lo seguro, sino dar espacio a experimentos y pilotos internos que unas veces fallan y otras enseñan algo que no se podía comprar.
Queda la relación entre tecnología y negocio. Mientras TI sea vista como el freno y no como el socio, difícilmente vamos a avanzar.
Ese 26,5% no dice que estemos listos. Dice que somos curiosos, que el cambio nos atrae y que lo queremos explorar. Estar listos es otra cosa, y esa es la pregunta incómoda: si el liderazgo de nuestras organizaciones lo está.
La inteligencia artificial no va a transformar a ninguna empresa ni a ninguna institución. Va a amplificar lo que ya son: su claridad o su desorden, su ambición o su miedo.
La tecnología va a seguir corriendo, con nosotros o sin nosotros. La verdadera pregunta no es cuánta IA vamos a comprar este año, sino qué tan rápidas, ágiles y flexibles son nuestras organizaciones para adoptarla con sentido.
Fuentes y referencias:
Boston Consulting Group. (2020). Flipping the Odds of Digital Transformation Success. https://www.bcg.com/publications/2020/increasing-odds-of-success-in-digital-transformation
Microsoft AI Economy Institute. (2026). AI Diffusion Report 2025 H2. https://www.microsoft.com/en-us/corporate-responsibility/topics/AI-Economy-Institute/reports/Global-AI-Adoption-2025/
Ministerio de Ciencia, Innovación, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT). (2024). Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial de Costa Rica 2024-2027. https://micitt.go.cr/el-sector-informa/micitt-presento-estrategia-nacional-de-inteligencia-artificial-enia
Westerman, G. (2019). The First Law of Digital Innovation. MIT Sloan Management Review. https://sloanreview.mit.edu/article/the-first-law-of-digital-innovation/
Westerman, G., Bonnet, D., & McAfee, A. (2014). Leading Digital: Turning Technology into Business Transformation. Harvard Business Review Press.




































