Jaime Robleto Gutiérrez
Abogado, filósofo y psicólogo forense
La República es un periódico orientado al mundo de los negocios, yo no me dedico al giro empresarial, así que estoy muy consciente de que no soy un todólogo, sin embargo, por razones que la vida me ha presentado en momentos determinados y porque los años aportan experiencias, quisiera compartir con ustedes, si me lo permiten, algunas ideas con las que puedan identificarse o no, este artículo puede tacharse de una pieza hecha por un aficionado y no me siento ofendido.
Comenzar un despacho, emprendimiento, carrera profesional, o cualquier actividad lícita que genere un ingreso es muy difícil; no importa cuánto usted se haya preparado académicamente; la práctica, la calles, es otra cosa. La experiencia cuesta cara, todo el mercado se percibe saturado. No es tan cierto que haya exploradores laborales buscando a las nuevas promesas empresariales, una maestría de hoy equivale a un bachillerato en los años setenta del siglo veinte. Hay una industria del márquetin que presiona determinados parámetros de lo que debe ser el éxito y eso causa una silenciosa ansiedad, especialmente entre los más jóvenes.
Vivir en Costa Rica es muy caro, los costos de producción también lo son; los impuestos, aunque necesarios, dejan una sensación extraña en la mente, me pasa cuando veo el monto del IVA en una compra del supermercado y sé que posiblemente eso irá a parar al pago de la deuda fiscal creciente, pero inevitable. ¿cómo llegamos a este punto?
Pagar planillas y locales de alquiler puede llegar a ser una odisea cuando los ingresos netos menguan, es muy difícil conciliar intereses cuando cada uno busca cómo salvar su propio pellejo. ¿Alguna vez los ha atendido algún trabajador desmotivado en alguna tienda? Que duro es generar una fuerza de venta cuando se está endeudado con el agua hasta el cuello y se come el almuerzo frío en un frasquito de plástico.
El sector público tampoco tiene siempre el césped más verde, la maquinaria burocrática a menudo se alimenta del alma y el entusiasmo de sus servidores; ¿cuántas directrices, informes, plantillas, correos electrónicos y otras hierbas aromáticas puede soportar un ser humano antes de implosionar como una estrella vieja por su propia gravedad? El gran escritor y cronista mexicano Juan Villoro habla de la figura del encargado, un ser de dudosa investidura, pero poder real, cuyo propósito vital es tornar imposible, o al menos dificultoso, cualquier trámite mediante la creación de obstáculos reales o ficticios, legales o no, que desesperen a quien ose invadir su reino con el propósito de realizar algo productivo y digno. ¿Ha tenido usted un encuentro cercano con uno de estos individuos?
Que decir de la rutina y sus rituales, sé que alguien puede argumentar válidamente, que tenerla puede constituir una suerte de lujo y lleva razón. Pero un humano condenado a repetir procesos similares por años a cambio de una paga mínima es una potencial víctima de la depresión y el escapismo.
Otra variable es la equivocación, a veces erramos con h, se debe asumir las consecuencias, volver a empezar, bañarse, dormir, creer, amar, en fin… vivir, no es tan fácil.





































