l cerebro humano es como una máquina de acuñar monedas. Si echas en ella metal impuro, obtendrás escoria; si echas oro, obtendrás moneda de ley.»
Santiago Ramón y Cajal
«El cerebro es más ancho que el cielo, más profundo que el mar y no es más que el peso de Dios.»
Emily Dickinson
«El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.»
Frase atribuida a Plutarco
Sus diminutas formas se distinguen por parecerse a las de las estrellas, razón por la cual se les otorgó el nombre de “astrocitos”. Su soma o cuerpo celular mide aproximadamente de 10 a 20 µm (micrómetro, micrón o micra, unidad de longitud que equivale a una millonésima parte de un metro o una milésima parte de un milímetro) pero sus múltiples ramificaciones representan cerca de una cuarta parte del volumen cerebral y su número equivale aproximadamente a la cantidad de neuronas, sumando decenas de miles de millones.
Expertos de la Clínica Universidad de Navarra, los describen con claridad y precisión al indicar que “los astrocitos son las células gliales, es decir de soporte, más abundantes en el sistema nervioso central y lejos de ser un simple relleno, son los «directores de orquesta» del cerebro. Mantienen a las neuronas nutridas, protegidas y comunicándose a la perfección.
Y según recientes hallazgos, gracias a los cuales se abren nuevas líneas de investigación en fármacos para tratar el trauma y la ansiedad, esos diminutos corpúsculos regulan circuitos del miedo y la memoria.
Ignoradas durante décadas, pues las investigaciones neurocientíficas centraron sus esfuerzos exclusivamente en las neuronas, saltan a la palestra gracias a una investigación publicada por National Geographic la cual revela que dichas células con forma de estrella, son piezas fundamentales.
Al intervenir en la comunicación sináptica, es decir, en el proceso mediante el cual las neuronas de nuestro sistema nervioso se comunican entre sí, los investigadores científicos han logrado ahora modular respuestas traumáticas en modelos de estudio, prometiendo tratamientos mucho más eficaces para quienes padecen ciertos tipos de problemas.
Recordemos que la sinapsis es el puente, ya sea físico o químico, que permite transmitir impulsos nerviosos para procesar información, sentir, pensar y movernos. Un proceso realmente fundamental.
Una puerta de luz para la sanación de traumas
De acuerdo con una interesante publicación del diario argentino Clarín sobre este tema, aparecida hace menos de un mes, “históricamente, los astrocitos fueron considerados meras células de soporte estructural en el sistema nervioso. Y sin embargo, especialistas como Lindsay Halladay, neurocientífica de la Universidad de Arizona, recién demostraron que estas células se activan intensamente durante la formación de memorias traumáticas.”
“Este cambio de paradigma permite entender que el cerebro no depende solo de impulsos eléctricos neuronales, sino también de la regulación química constante que ejercen estas estructuras estelares sobre las conexiones” ha dicho Halladay.
A nivel global, estudios recientes muestran un incremento histórico en los casos de ansiedad (65 % más) y depresión (41 % más). El escenario no es halagador pues ello significa que más de 1.200 millones de personas conviven con trastornos psiquiátricos.
Sin embargo, la ciencia está logrando avances sin precedentes en tratamientos médicos y políticas de prevención para iluminar y abrir puertas aún en medio de tan desolador panorama.
Medicina psiquiátrica personalizada
Una de estas puertas es el rol que desempeñan los astrocitos en la salud mental, que en el nuevo hallazgo científico, se describe con precisión. Los datos contribuirán a mejorar el tipo de medicamentos que se deban emplear, pues “a diferencia de los psicofármacos actuales, que suelen actuar de manera generalizada y provocan efectos secundarios como fatiga o aumento de peso, los nuevos compuestos apuntan a proteínas específicas de los astrocitos”.
Así lo ha indicado al diario Clarín, el neurocientífico Benjamín Deneen, especialista del Colegio Baylor de Medicina, ubicado en Houston, Texas, quien mediante su trabajo identificó que alterar proteínas como la NFIA (Nuclear Factor I A o Factor Nuclear I-A) -cuya función principal es unirse a secuencias específicas de ADN dentro del núcleo celular para controlar la expresión génica en zonas clave como el hipocampo- permite modificar comportamientos específicos sin afectar otras funciones.
Otro punto disruptivo de la investigación es la diferencia de respuesta según el sexo biológico. “Anna Orr, investigadora en la Escuela de Medicina de Nueva York, Weill Cornell, halló que las proteínas superficiales de los astrocitos se comportan de forma distinta en machos y hembras”.
Los estudiosos y articulistas consideran que el hallazgo anterior “es vital, considerando que los cuadros de estrés postraumático y ansiedad tienen una mayor incidencia estadística en mujeres, lo que permitiría diseñar por primera vez una medicina psiquiátrica personalizada”.
Adriana Núñez, periodista Visión CR y expresidenta Colegio de Periodistas





































