Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 16 Marzo, 2011


Pizarrón
Miguel Angel Rodríguez y el abstencionismo político

En el juicio que se le sigue al ex presidente Miguel Angel Rodríguez un perito en su contra justificó una demanda del Estado, por $3,6 millones, considerando el abstencionismo político de las elecciones de 2006, que según él era resultado del escándalo de este juicio, estimando el abstencionismo a razón de $12,7 por voto no emitido, como si esto fuera un daño a la democracia causado por los hechos que le discuten en tribunales.
El abstencionismo político electoral no se le debe al ex presidente, ni se le puede cobrar. Eso es un absurdo. En cualquier caso el responsable directo de este comportamiento es el TSE que tiene a su cargo el proceso y la obligación cotidiana de motivar en los valores democráticos electorales, y a los propios partidos políticos con sus adherentes o simpatizantes.
El abstencionismo es parte de la cultura electoral costarricense. Si consideramos los datos de abstencionismo en elecciones hasta 1986 el promedio fue del 18%. En el proceso electoral de 1990 fue un 18,2%, en 1994 fue un 18,9%, en 1998 fue un 30%, en 2002 fue un 31,2%, en 2006 fue un 34,8%, el del referéndum en 2007 fue del 40,8% y en 2010 fue el 30,9%. En las elecciones de alcaldes de diciembre último el abstencionismo se redujo en un 4%.
Como se aprecia es una conducta política de los ciudadanos y no un resultado de acción de los gobiernos o de los mandatarios. El abstencionismo no es una fuerza política organizada, ni desorganizada, es parte de la cultura y educación política nacional. Institucionalmente no puede organizarse porque el sistema electoral no le da ninguna posibilidad de expresión.
Siempre en cualquier proceso electoral hay resultado, independientemente del 40% de la primera ronda para elegir, porque en la segunda no se necesita ningún porcentaje, tan solo la simple mayoría para ganar, con lo cual siempre habrá un ganador.
Si a un ciudadano no le gusta ninguno de los candidatos, ni los partidos, tiene oportunidad de expresar su disgusto anulando el voto, pero ejerciendo su derecho, siendo abstencionista activo.
El abstencionismo electoral es una fuerza políticamente pasiva a favor de cualquier candidato y partido que gane. El abstencionista espera algo del ganador, no siente que pierda nada ni que desmejore su situación con cualquiera que gane, por eso no es activo votante. Es un conformista extremo, no reclama del gobernante y, sin autoridad para hacerlo, esperará al siguiente proceso esperando mejorar su situación.
El abstencionista pasiva y tácitamente acepta el resultado del proceso electoral cualquiera que sea. El resultado le es absolutamente indiferente. De hecho, el candidato y partido ganador suma a su votación activa los electores pasivos que no votaron, lo que le da gran estabilidad y aceptación al resultado final. Esta es una razón por la cual al día siguiente de las elecciones la vida es normal en el país, como si no hubiera habido el proceso que días atrás dividía a los votantes en partidos y candidatos.
No tiene lógica alguna, ni se justifica en ningún estudio serio, el abstencionismo nacional como resultado de la imagen o juicio que se le siga a un dirigente político. Para ello, en caso extremo, habría que partir que nunca antes de 2002 hubo abstencionismo electoral y que concurría el 100% de los votantes a cada elección. El 100% solo concurre en la totalidad del padrón. No tiene Miguel Angel responsabilidad por los abstencionistas ni por daño a la democracia en este sentido.

Vladimir de la Cruz