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 Los banqueros centrales han logrado alejar la economía mundial de una recesión, si bien la mantienen en la misma senda que la llevó a sus problemas actuales.
Un torrente de estímulo monetario contribuyó en las últimas semanas a generar una recuperación en los mercados financieros al despejar los temores de los inversores respecto de una declinación global.
Sin embargo, hizo muy poco por alentar entre los economistas esperanzas de una recuperación más firme que pudiera dar más fortaleza al crecimiento.
“La economía global seguirá vacilando”, dijo Charles Collyns, economista jefe del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por la sigla en inglés) en Washington y ex funcionario del Tesoro de los Estados Unidos.
Estima que el crecimiento será este año de alrededor de 2,5%, igual que en 2015 y muy por debajo del promedio de 3,7% de los cinco años anteriores a la crisis financiera global.
El temor es que las autoridades se estén limitando por ahora a evitar el dolor, lo que agravará los problemas que enfrentarán más adelante.
Por otra parte, el escaso crecimiento que han generado significa que una conmoción aún amenaza con sumir al mundo en una recesión, dado que los banqueros centrales ya han llegado al límite de sus facultades.
“Los retornos de la flexibilización cuantitativa siguen siendo positivos, pero disminuyen”, dijo Joachim Fels, asesor económico global de Pacific Investment Management, que administra $1,43 billones de activos.
Se estima que la deslucida economía mundial encabezará la agenda cuando banqueros centrales y ministros de Hacienda se den cita el mes próximo en Washington para las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, mientras que también mantendrán conversaciones funcionarios del Grupo de los 20.
Funcionarios del FMI han dicho que estiman que reducirán su evaluación de las perspectivas para este año y han instado a las autoridades a hacer lo que haga falta para impulsar el crecimiento.
El estancamiento, sin embargo, parece una buena perspectiva en comparación con la combinación que los inversores temían a principios de año: un aterrizaje forzoso chino y una fuerte devaluación monetaria, una recesión estadounidense y una declinación global comparable a la de 2008 y 2009.
Si bien muchos economistas pensaban que se trataba de temores muy exagerados –“era una locura”, dijo el ex economista jefe del FMI Olivier Blanchard-, les preocupaba que el pesimismo pudiera ejercer influencia en la economía al inspirar más prudencia en el gasto de empresas y consumidores.
Los banqueros centrales han logrado evitarlo, al menos por ahora.
China negó que planee una gran devaluación del yuan y aseguró que hará más para impulsar su economía.
El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, lanzó un paquete de estímulo que contribuyó a restablecer algo de la fe de los inversores en la efectividad de las autoridades luego de que un intento frustrado del gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, las pusiera en duda.

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