En junio del presente año, presidí la entrega del “Galardón Inés Sánchez de Revuelta a la Gestión en Medios de Comunicación con Fomento a la Educación y la Cultura”, un reconocimiento a la encomiable labor de periodistas y comunicadores sociales que día con día ejercen una tarea dignificante y pilar de la democracia.
En el contexto nacional e internacional actual, la libertad de expresión debe resguardarse como un derecho inalienable de todo ser humano. Ninguna persona debe ser censurada ni sufrir represalias por comunicar sus ideas, pensamientos y opiniones de forma libre, responsable y transparente, aunque eso signifique disentir con la opinión de las mayorías o con la versión del gobierno en ejercicio.
Por eso, este Galardón tiene un enorme significado social y familiar, porque reúne la historia de una familia migrante que abandonó su Patria por la censura y la persecución política. Durante seis décadas, la señora Inés Sánchez de Revuelta llenó los hogares costarricenses no solo con su voz e imagen en radio y televisión, ni con recetas, información de valor y consejos prácticos, sino con una calidez y una pedagogía que enseñaba, acompañaba y transformaba las vidas de muchísimas mujeres a lo largo y ancho del país. Fue maestra para quienes buscaban aprender sin barreras, amiga para quienes necesitaban compañía y comunicadora ejemplar que transformaba un guion en un acto de ternura, dignidad y compromiso. Representó a una mujer migrante que recuperó la voz y la honró con dedicación, ética y trabajo arduo, en cobijo de su segunda Patria.
Ahora bien, ¿por qué debemos preocuparnos y ocuparnos con diligencia de la libertad de expresión? ¿Por qué debemos reconocer y dignificar la labor de quienes ejercen la comunicación social? Porque la libertad de expresión garantiza el pluralismo ideológico, fuente renovadora de la salud democrática de las naciones, y es la forma como se realiza el control ciudadano responsable sobre los actos públicos. Promueve y estimula la participación política de base y al más alto nivel, ya que construye y fortalece el diálogo social. Además, ayuda y fomenta la aparición de diferentes voces en un país, la cuales contemplan desde la comunicación social informal hasta la creación de medios de comunicación formales que renuevan las ideas sobre el acontecer nacional y la sociedad, enriqueciendo la democracia.
Este Galardón es un símbolo de resistencia pacífica, una antorcha que guía en tiempos de oscuridad, un incentivo para quienes comienzan a cansarse en el camino y un reconocimiento para las voces que no se han apagado con el tiempo, los recortes presupuestarios o la censura política. Es también un galardón que debe estar tutelado por la Educación y la Cultura y no por intereses espurios que secuestren para fines ideológicos y políticos, la genuinidad de la libertad de expresión.
Lo primero que se intenta callar en los regímenes autoritarios son las voces disidentes, y el último hilo que sostiene la democracia es la expresión genuina de una voz que resiste la censura oficial y la apatía social. La señora Inés Sánchez de Revuelta, mi madre, no solo lo supo, sino que durante más de sesenta años fue testimonio vivo de una resistencia pacífica; supo honrar con creces la libertad que le ofreció una nueva tierra y por eso, sembró en ella su voz y cosechó esperanza para las nuevas generaciones. Hoy más que nunca debemos unirnos para defender la libertad de expresión, honrando a quienes nos han antecedido en defensa de la libertad para una Patria Viva en el presente y para el futuro.





































