Carlos Denton

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Miércoles 28 Mayo, 2008

Las vacaciones de medio año

Carlos Denton

Las vacaciones de medio año servirán como una manera de medir hasta qué punto el alto costo de la vida está golpeando el bolsillo de las familias costarricenses. ¿Cuántos padres de familia, que acostumbran llevar a los hijos al exterior en estas épocas, decidirán quedarse en el país y disfrutar de lo que aquí se ofrece? ¿Cuántas familias que han tenido la costumbre de hacer un paseo a las playas o a las montañas nacionales por unos días, este año se quedarán en casa y quizás harán viajecitos de un día a Poás, al Parque de la Paz, o a la finca de un amigo?
Si en los medios se comienzan a ver super ofertas de pasajes a Miami u Orlando, de parte de las aerolíneas, esto revelará un interés de estas por llenar sus aviones, que tienen costos fijos fuertes, aunque tengan que cobrar sustancialmente menos de la tarifa acostumbrada. Es posible, incluso, que si bajan las tarifas suficientemente los operadores internacionales, sea más barato para la familia costarricense viajar a Estados Unidos de vacaciones, en comparación con lo que cuesta un hotel, comida y transporte a una playa nacional.
Lamentablemente muchos de los hoteles costarricenses de playa perciben al periodo de vacaciones de medio año como la última oportunidad de “ganar plata” antes de que entre la así denominada “época verde”, cuando no llegan turistas en las cantidades deseadas. El resultado en algunos casos es que en julio se cobrarán tarifas similares a las que recaudan en enero y febrero.
Es probable que muchas familias este año no vayan a ningún lado en la época vacacional —llenar el tanque del automóvil, combinado con los costos de hospedaje y comida, hacen prohibitivo realizar un viaje. En este caso, el sector turístico recibirá un golpe indeseado, pero probablemente inevitable.
Existe otra posibilidad acorde con la cultura costarricense, y es que más bien todo el mundo salga de vacaciones, gaste el dinero, disfrute y luego al regreso enfrente el problema de cómo pagar todo lo “rico” que han pasado. En algunas de las épocas más difíciles del pasado reciente en el país, los restaurantes y bares pasaban llenos, los vuelos a Miami salían repletos hasta el tope, y más bien el consumidor suspendía otro tipo de gastos para compensar el de los recreos. Postergaba la compra de un televisor, un automóvil, ropa nueva, zapatos, para poder olvidarse de sus penas y disfrutar un buen rato. O quizás no suspendía ninguna compra, y la realizaba “fiado”. Con tanto “plástico” circulando en el país, más de uno pudiera intentar hacer todo no obstante los costos.
Tarde o temprano la factura de los altos costos de los combustibles, de la comida y de las necesidades básicas familiares tocará la puerta de muchas familias vulnerables en Costa Rica. Pero quizás estos son los que nunca han tenido la costumbre de salir de vacaciones porque no han tenido la capacidad de sufragar el costo de un paseo familiar.
El presidente Oscar Arias ha dicho que él cree que vienen un par de años de “vacas flacas”. Ojalá que no sea cierto lo que dice el primer mandatario, pero si pega a Costa Rica la reducción económica mundial, la esperanza de todos debería consistir en que sea por el periodo breve que él ha mencionado públicamente.

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