Cada vez más las investigaciones apuntan a que la sostenibilidad se está convirtiendo en algo regulatorio y las empresas se esfuerzan por cumplir, más que por sobrevivir.
El cumplimiento se está convirtiendo en la primera razón por la cual las organizaciones gestionan la sostenibilidad y se preocupan por crear estrategias que integren lo social, lo ambiental y lo económico para cumplir con clientes, accionistas, bancos o reguladores.
El impacto sobre la comunidad y el medio ambiente se vuelve irrelevante ante el miedo de perder una licencia, quedar mal con un cliente o no cumplir con un banco. Los requisitos crecen, el trabajo aumenta y la cantidad de documentos y evidencias se vuelven insoportable.
Todo es consecuencia de los extremos. Los seres humanos tendemos - de manera equivocada- a los extremos cuando queremos que algo funcione de la mejor forma posible.
Hace décadas la sostenibilidad era un elemento superficial y poco tomado en cuenta, es más hubo gente que dijo que la tendencia se iba a debilitar y el tema iba a morir. Luego empezó a generar mucho ruido y las empresas lo empezaron a tomar cada vez más en cuenta, pero en los últimos años se nos ha ido la mano y la tendencia a la regulación está en todos los detalles y debemos tener cuidado.
La sostenibilidad es, ante todo, una estrategia de gestión del riesgo. Es la capacidad que tiene un negocio para adaptarse a las nuevas condiciones del mercado, el consumidor, el medio ambiente y los clientes. Una empresa empieza a trabajar con el mismo nivel de interés lo social, ambiental y económico porque sabe que solo así se puede mantener en el tiempo, es un tema de adaptación.
Si bien es cierto la regulación ha venido a acelerar estos procesos y eso es positivo, no puede ser lo único que mueva a las personas empresarias. La razón es simple: si no estamos convencidos de que esa estrategia es la correcta, más allá de un tema impuesto, cuando por alguna razón esa regulación se elimine dejaremos de trabajar en eso y vendrán las consecuencias.
Si nos acostumbramos a que el tema solo importa porque lo pide una ley para poder operar estamos dejando de lado la razón principal de este tipo de gestión: la continuidad del negocio.
Aunque haya costado tanto comprenderlo, este modelo existe para ayudarle a las corporaciones a seguir funcionando de manera estable y equilibrada, esa es su única razón de ser. Por eso cuando es solo la ley la que impulsa el cambio, hay una tentación siempre presente: la de volver atrás en el momento en el que ya no sea obligatorio.
Por eso hablar solo de sostenibilidad ya no es suficiente, estamos en un momento donde necesitamos tener conversaciones más profundas alrededor de lo que hace posible un negocio y cómo mantener su operación lo más sana posible. Esto nos pone en el terreno de los intangibles, empezando por la cultura.
Cuando una empresa decide que quiere perdurar en el tiempo irá siempre más allá de la ley y se asegurará de estar preparada para enfrentar los retos antes los cambios globales que nos impactan con mayor frecuencia.
No son solo las leyes las que nos deben impulsar, es la decisión consciente de que la operación necesita ajustarse y abordar riesgos que hasta hace poco no tomábamos en cuenta.


























