Carlos Denton

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Miércoles 18 Junio, 2008

Las medidas conservacionistas

Carlos Denton

El costarricense es independiente de pensamiento y de acción, y de forma visceral rechaza a la autoridad que intenta entrometerse en su vida cotidiana. Por esta razón, tendrán éxito medidas diseñadas para conservar la energía y disminuir el consumo de petróleo que ofrezcan nuevas alternativas de acción, y fracasarán las que intentan controlar o limitar el ámbito de acción del habitante.
Para citar ejemplos, el apoyo al tren urbano, una iniciativa positiva, es abrumador, mientras que el programa de “hoy no circula”, una negativa, ha sido un fracaso rotundo. Cuando enfrentan desafíos, y el alto costo de los carburantes ya está retando a todo el mundo, a veces no esperan los habitantes a que el gobierno les proporcione soluciones.
El servicio de taxi colectivo es un buen ejemplo de una solución parcial al problema del transporte urbano. Ya opera de manera informal en ciertas rutas, y es cuestión de tiempo para que se amplíe la cobertura, con la anuencia de la autoridad o sin ella. Un grupo de personas comparte el costo de viajar en automóvil, y disfrutan de un servicio que es más rápido y cómodo que viajar en autobús. Ya es hora de que el gobierno conceda licencias a este servicio para la protección de los que viajan de esta manera, y para aplacar a los taxistas tradicionales que tienen la costumbre de oponerse a cualquier novedad que no sea un aumento en el costo por kilómetro que se les permita cobrar.
Casi todos los aeropuertos con tráfico similar al que tiene el Juan Santamaría ofrecen un servicio de bus (y posiblemente de tren) a un punto céntrico de la ciudad que sirve. Barajas, Dulles, Narita, Ezeiza, e Isla Verde ofrecen el servicio; ¿por qué no el aeródromo principal de Costa Rica? No importa si lo ofrece Taxis Unidos; lo importante es que haya un bus grande y cómodo que parta del Santamaría cada media hora de 8 a.m. a 10 p.m. con un máximo de dos paradas fijas antes de llegar a su destino final, que podría ser la Torre Mercedes —se pueden cobrar unos $10 por el servicio.
Con respecto a los peajes, las alternativas son tres: eliminarlos, automatizarlos, o ampliar el número de puntos de cobro. Lo lógico sería la segunda —hay más de una empresa costarricense con capacidad de diseñar e instalar un sistema de este tipo.
Se podría ofrecer incentivos para los compañeros de trabajo que comparten un vehículo en el viaje a su oficina, fábrica u otro lugar donde laboran. Desde rifas, cuyo premio sería el llenazo del tanque del auto en que viajan los compañeros, hasta “millas” que se pueden redimir en tiendas para artículos del gusto del grupo, con imaginación se pueden encontrar maneras de incentivar esta costumbre. Si el gobierno realmente y equivocadamente decide implementar un sistema de “hoy no circula”, debería eximir de ser multados a los vehículos en que viajan dos o más personas —no se debe eximir de la restricción a los vehículos estatales incluyendo los de ministros, magistrados, diputados y del mismo primer mandatario (en Costa Rica todos somos iguales)—.
Está comprobado que la persona con teléfono viaja menos para cumplir con sus necesidades de comprar, hablar, o informarse. Aparte de otros beneficios de un sistema prepago de telefonía celular, evita para su dueña o dueño la necesidad de movilizarse físicamente para obtener o intercambiar información.
Las medidas positivas son las que prometen más ahorro de energía y hay que apoyarlas.

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