La responsabilidad educativa de cara a la IA. Días atrás, en redes sociales, se compartía la siguiente referencia: en 1986, un grupo de docentes de matemáticas en Estados Unidos generó una fuerte discusión sobre el uso de calculadoras en el aula, especialmente en los primeros grados. Dichos docentes se manifestaron fuera de la reunión anual del National Council of Teachers of Mathematics (NCTM) para protestar contra una recomendación que promovía integrar las calculadoras desde niveles básicos; su argumento central era que el uso prematuro podía provocar dependencia de la herramienta antes de dominar habilidades fundamentales como sumar, restar, multiplicar y dividir. Esta controversia reflejaba una preocupación más amplia sobre cómo la tecnología podía afectar el aprendizaje profundo un debate que sigue vigente hoy, solo que ahora el foco ya no es la calculadora, sino la Inteligencia Artificial (IA). La fuente periodística de ese episodio fue reportada por The Washington Post en 1986, en una nota que describió la protesta y el dilema pedagógico de “cuándo” y “para qué” incorporar la tecnología en el aula.
Retomando esos detalles, y a propósito de la capacitación docente que se desarrolla en este momento en el MEP, surge una pregunta de la mano de una preocupación: ¿se está aprovechando el reingreso a clases para comprender qué es la IA, cuáles son sus límites y cómo utilizarla con responsabilidad?
La experiencia histórica sugiere que la respuesta no puede reducirse a estar “a favor” o “en contra” de la tecnología; más bien, el reto consiste en integrarla con propósito educativo, sin desplazar fundamentos y, sobre todo, sin comprometer la seguridad del estudiantado. Así como la calculadora terminó consolidándose como apoyo complementario (no como sustituto del pensamiento matemático), la IA puede convertirse en un “copiloto” pedagógico valioso si se establecen criterios claros de uso, validación y ética profesional.
En ese marco, el reingreso a clases del MEP representa un momento estratégico: además de la planificación académica, la evaluación y la gestión del aula, el personal docente se encuentra en una etapa de formación para incorporar herramientas de IA que apoyen la preparación de materiales, la diversificación de estrategias didácticas y la mejora de la retroalimentación. No obstante, el valor real de la IA en educación solo se alcanza cuando su aplicación se guía por un principio innegociable: proteger los datos del estudiantado.
Muchas herramientas de IA operan en la nube y procesan información ingresada por las personas usuarias; por ello, la capacitación docente debe reforzar que la información personal y sensible (nombres, imágenes, audios, calificaciones, diagnósticos, adecuaciones, direcciones o cualquier dato identificable) no debe compartirse en plataformas externas sin un marco institucional y controles apropiados, de forma sencilla podríamos hablar del uso responsable de este tipo de herramientas.
Ya sabemos que los estudiantes las utilizan y por ende son un reto para los docentes, pero por que no enseñarles a utilizarlas de forma responsable, por que no predicar con el ejemplo, la capacitación efectiva no debería enfocarse únicamente en “cómo usar” la IA, sino en una combinación de pedagogía + privacidad del como:
1- Cómo diseñar instrucciones (prompts) para obtener apoyo útil sin caer en dependencia.
2- Cómo revisar críticamente resultados (por riesgos de error o sesgo).
3- Cómo aplicar criterios de minimización y anonimización de datos para evitar exposiciones innecesarias.
En términos prácticos: la IA puede apoyar en la creación de rúbricas, actividades, ejemplos, resúmenes o guías; pero no debe emplearse para analizar casos reales del estudiantado incluyendo información identificable. En educación, incluso “pequeños detalles” pueden permitir la reidentificación de una persona menor de edad cuando se combinan contexto, grado, centro educativo y circunstancias particulares, partiendo de la famosa premisa: “lo que se sube a internet queda por siempre en internet”.
Este punto no es solo una recomendación técnica, sino una responsabilidad legal y ética. En Costa Rica, la Ley N.° 8968 establece principios y garantías vinculadas al tratamiento legítimo de datos personales y al derecho de autodeterminación informativa, lo cual refuerza la obligación de prevenir usos que expongan información sensible del estudiantado. En consecuencia, el reingreso a clases y la capacitación en IA deben consolidar una cultura práctica de protección: cero datos personales en prompts, generalización de casos, validación humana de resultados y preferencia por herramientas institucionales autorizadas cuando existan.
En síntesis, el paralelismo con 1986 aporta una lección vigente: la discusión no es “tecnología sí o no”, sino tecnología con propósito, con límites y con resguardo de derechos. El reingreso a clases en el MEP puede convertirse en una oportunidad histórica para que el personal docente aprenda a usar la IA como apoyo, sin renunciar al pensamiento crítico ni poner en riesgo los datos del estudiantado. En esa ecuación, la confianza es parte del aula; protegerla es tan importante como enseñar.
Randy Valverde
Referencias
Hochman, A. (1986, April 3). Math teachers stage a calculated protest. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/archive/local/1986/04/04/math-teachers-stage-a-calculated-protest/c003ddaf-b86f-4f2b-92ca-08533f3a5896/
Rivera Barrantes, V. (2019). Realidad sobre la privacidad de los datos personales en Costa Rica. https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1659-41422019000200068
Sistema Costarricense de información Juridica. (2011). Ley N.° 8968: Protección de la persona frente al tratamiento de sus datos personales. https://pgrweb.go.cr/scij/Busqueda/Normativa/Normas/nrm_texto_completo.aspx?param1=NRTC&nValor1=1&nValor2=70975&nValor3=85989&strTipM=TC





































