Si bien hoy parece más cercano un acuerdo definitivo de paz entre Irán y Estados Unidos, lo cierto es que el ambiente de incertidumbre a nivel mundial aún no desaparece y muchas economías ya comienzan a hablar de un posible escenario de estanflación.
Cuando inició el conflicto, los primeros mercados en reaccionar -como suele ocurrir en este tipo de crisis- fueron los del petróleo y el gas. Los precios de los combustibles fósiles se incrementaron, aumentó la volatilidad en los mercados financieros y las bolsas internacionales registraron fuertes caídas. Aunque en marzo algunos analistas y lideres políticos aseguraban que la guerra terminaría rápidamente el panorama ha resultado ser cambiante y bastante impredecible.
El Golfo Pérsico concentra una parte fundamental del sistema energético mundial. Por el estrecho de Ormuz transita aproximadamente una quinta parte de los cerca de 100 millones de barriles de petróleo que el mundo consume diariamente, así como más del 20% del gas natural licuado.
Otro elemento relevante es que algunas de las principales economías del mundo son altamente dependientes de las importaciones de energía. Países como India, Japón y Corea del Sur dependen en gran medida del gas natural licuado producido por Qatar.
A ello se suma el impacto de la destrucción de infraestructura estratégica. Daños en puentes, refinerías, plantas desalinizadoras, puertos o generadoras eléctricas tendrían consecuencias económicas que podrían extenderse durante años, con efectos indirectos sobre la economía mundial mientras dichas instalaciones logran reconstruirse.
En este contexto ha resurgido el temor a la estanflación: un escenario caracterizado por alta inflación y estancamiento económico al mismo tiempo, una combinación especialmente compleja para las autoridades monetarias.
Por ello, no sorprende que las expectativas de inflación continúen aumentando y que los bancos centrales mantengan una postura cautelosa respecto a las tasas de interés. Recientemente, el Banco Central Europeo (BCE) decidió mantener sin cambios sus tipos de interés (2,00%/2,15%,), mientras que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) también optó por no realizar modificaciones (3,50%/3,75%). De hecho, el informe publicado por el BCE reconocía que: “los riesgos al alza para la inflación y los riesgos a la baja para el crecimiento se han intensificado".
Una de las principales conclusiones que deja esta crisis es que el comercio internacional podría verse afectado en los próximos años. Los mayores aranceles, el incremento en los costos de transporte y producción, así como el aumento del riesgo geopolítico para las empresas, terminarán incorporándose al precio final de muchos bienes y servicios y consecuentemente en la inflación.
La otra gran conclusión es que, mientras el conflicto no encuentre una solución definitiva, aumentan las probabilidades de nuevas subidas en las tasas de interés y de una mayor desaceleración económica global.
En definitiva, la geopolítica seguirá marcando el rumbo de la economía mundial. Aunque un eventual acuerdo de paz podría aliviar parte de la tensión, la incertidumbre continuará siendo un factor determinante para los mercados, las decisiones de inversión y las perspectivas de crecimiento mundial durante los próximos años.
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Anelena Sabater,
Economista





































