Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 25 Abril, 2012


Hablando Claro
Jaque

Para uno que madruga…otro que no se acuesta.
Era totalmente previsible. La bancada oficialista no iba a ceder en su empeño por retomar el control del Congreso y para ello ha estado al parecer dispuesta a empeñarlo todo. De todos modos, ya no tenía nada que perder. De lo que sabemos hoy, entregará los cargos más atractivos del Directorio a los nuevos aliados del PASE que tiene los cuatro ases para alcanzar las 29 cartas de la baraja que requerirán el próximo martes para volver a mandar en Cuesta de Moras.
Liberación Nacional sufrió una durísima derrota en mayo pasado. En el curso de esta legislatura padeció lo indecible la humillación de no acompañar al Ejecutivo en la conducción del gobierno y asumirse en condición de opositor del Primer Poder hasta perder el proyecto de ley más importante de la Administración Chinchilla; sin dejar de mencionar el humillante hecho de tener que pedir permiso hasta para utilizar los vehículos oficiales y ni que decir la restricción de viajes y el ordenamiento administrativo que afectó a algunos de sus más cercanos colaboradores del aparato burocrático. Debilitados hasta donde más, los verdiblancos empezaron a urdir muchos meses atrás la reivindicación de su poder. Hubo muchas señales de eso. Pero como el poder es tan embriagador, la autoproclamada Alianza por Costa Rica se contagió de la petulancia que padecieron los verdiblancos el primer año cuando, trenzados en disputas internas, se olvidaron de proteger su casa y sus asociaciones. Así de mal terminó su primer pacto de gobernabilidad con los otros expertos en pactos; los libertarios, que corrieron a los brazos de la acera de enfrente para sellar el nuevo acuerdo.
Respecto del control del directorio (otra cosa es la cohesión política que podría tener frente a los nuevos mandos) la autoproclamada Alianza naufraga hoy en sus aguas. Hizo un trabajo de ordenamiento administrativo loable y de aprobación de algunas iniciativas importantes, pero siempre muy limitadas a los efectos de las tareas políticas que requería para sostenerse. Dicen hoy sus maltratados integrantes que todo fue culpa del PASE que los traicionó. Creo que las culpas no son únicas; deben repartirse; aunque nadie quiera asumir ahora su cuota de responsabilidad y hoy estén trenzados en mutuas recriminaciones.
Lo cierto es que para usar términos tan trillados como “pacto de gobernabilidad” esta parece ser la crónica de una muerte anunciada.
Los aliados pelearon tanto por la silla para Danilo Cubero que —literalmente-— perdieron la sala. Lo increíble es que aún el lunes por la mañana algunos de ellos pretendían vetar la candidatura de recambio de la libertaria Marielos Alfaro.
Y de pronto, una dosis de realismo político. Un balde de agua helada.
En resumen: los liberacionistas hicieron todo lo necesario el primer año para entregarle la conducción del Congreso a los opositores. Y ellos, hicieron lo propio el segundo año para devolvérselo a los verdiblancos.
Pero que conste, todavía no hay mate en la jugada…

Vilma Ibarra