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Jueves 28 Marzo, 2013

Me parece que ya es hora de despertar, de tomar el toro por los cuernos, y ver qué es lo que está pasando con nuestros gobiernos


Inseguridad en el país

Qué nos sucede en el país donde la inseguridad es cosa de todos los días y nosotros campantes, seguimos conformes como si nada ocurriera. Así, exactamente igual, comenzaron algunos países vecinos, que, ahora, están en las manos del narcotráfico y los hampones.
Si nuestras autoridades y nosotros no hacemos esfuerzos para recuperar lo que fuimos, estaremos muy pronto hundidos en el fango, donde respirar libremente ya no será posible.
Disimulamos a la mala administración del país que nos ha vendado los ojos, haciéndonos ver que el sol se tapa con un dedo. ¿A quién estamos ayudando con esta desidia colectiva, si con los acontecimientos violentos que vemos en el país comenzaron otras naciones que no supieron hacer un alto en el camino?
Pero, nosotros aún estamos a tiempo para reflexionar ante la predominante inseguridad, donde la salud de los ciudadanos se está afectando.
Con facilidad, se pierde un empleo, se deteriora la mente, se permite la degradación ambiental y últimamente la seguridad personal.
Hasta podríamos caer en la total indefensión ante los problemas que nos presenta esta inseguridad, sin duda, divorcio palpable entre el Estado y la Sociedad.
Hoy sabemos de los asaltos a remeseros con “gato casero” incluido, de los robos a turistas en sus propios hoteles mientras duermen, de los asaltos a mano armada en las calles, de los atracos en los autobuses de transporte público. Lo peor de todo, sin detener a los maleantes, o se detienen y en pocas horas están libres en las calles cometiendo los mismos delitos.
Hablar de seguridad del ciudadano es algo que hoy por hoy no puede ser utilizado en la conversación cotidiana entre la multiplicidad de los pobladores, ya que ello refleja un sentimiento que se comprende y se expresa a niveles anecdóticos: la problemática de viajar con seguridad desde el hogar hacia el trabajo o a la escuela, el temor a ser atacado en su propia residencia, una desconfianza severa en las instituciones responsables de la seguridad pública, pero también el sentido de vulnerabilidades crecientes contra la violencia aparentemente incontrolable, entre otras preocupaciones.
Mientras la delincuencia, la violencia y otros factores están alcanzando niveles nunca vistos, el asunto de la seguridad –o la inseguridad del ciudadano– se ha convertido en un tema constante en el quehacer cotidiano de los pobladores. La insensibilidad del Estado de proveer seguridad pública a sus ciudadanos, a través de una policía eficaz e instituciones eficientes, ha resultado en la pérdida de su legitimidad; mientras tanto, la extensión de la violencia se ha desbordado en un clima generalizado de criminalidad ( ejemplo: Limón).
Pregunto, ¿es esta la Costa Rica que usted conoció? Me parece que ya es hora de despertar, de tomar el toro por los cuernos, y ver qué es lo que está pasando con nuestros gobiernos “de manos de seda”, pues cada cuatro años repiten lo mismo y uno sigue votando por el mismo “color”. No señores, dejemos los sentimentalismos a un lado y cambiemos. Ahora tenemos la oportunidad de ganar el combate.

José Eliseo Valverde Monge
Médico