Enviar

Lo importante es convertir en realidad las ideas para crear nuevos productos y darles valor agregado que las distinga ventajosamente de las del resto del mundo


Innovar, ¿cómo podemos hacerlo?


Vivimos tiempos en los que es necesario innovar. De eso no hay duda.
La gran pregunta es cómo lograrlo una vez ya inmersos en un mercado global en el que nuestras pequeñas empresas se ven compitiendo con otras ya expertas en innovación.
Las empresas grandes y experimentadas saben cómo innovar. No así las pymes, que no fueron capacitadas ni preparadas para ello en la época en que se luchaba por lograr la apertura comercial para Costa Rica.
Estos errores del pasado deben subsanarse hoy, con el agravante de que no se dispone ya de tiempo para ello. Se necesitan acciones públicas urgentes y muy eficientes para proveer a nuestras pymes de herramientas y estrategias para lograr innovar productos atractivos y con sello local.
Pero el problema tiene solución si aparece la voluntad política para hacerlo en forma sistemática e integral (no como experiencias aisladas). Después de todo, esta sería una de las principales formas de crear empleo.
Por un lado, el país cuenta con gran cantidad de pymes y microempresas que han descubierto necesidades en los consumidores que estas saben cómo satisfacer. Saben también cómo utilizar materias primas nacionales.
Lo que no tienen frecuentemente es más que buenas ideas que, de quedarse ahí, no significan nada. Lo importante es convertir en realidad esas ideas y darles valor agregado que las distinga ventajosamente de las del resto del mundo.
Por otro lado existen muchos buenos creativos en el país, capaces de incentivar la creación de nuevos productos o de agregar valor y diseño a productos ya creados.
A la par de esto, existen inversionistas dispuestos a involucrarse en este tipo de negocios que, de consolidarse, pueden rápidamente expandirse al mundo con grandes beneficios económicos.
¿Cómo unir a estos diferentes actores del mercado? Esa es tarea que debería ser permanente desde el sector público.
Nuestros niños y adolescentes estuvieron obligados por décadas a repetir lo que sus maestros o profesores (o ciertos libros) les decían, y si lo hacían bien obtenían buenas notas y se graduaban.
Solo algunos fueron estimulados para acercarse a las artes, no precisamente para convertirse en artistas (solo algunos elegían serlo), sino para apreciarlas y desarrollar interés y capacidad hacia la creatividad. Esa misma que hoy tanto necesitamos.
Es verdad que la educación está cambiando para dejar la costumbre de solo repetir (aunque hay cosas que sí deben memorizarse), pero este cambio dará sus frutos muy tarde para las pymes que necesitan hoy de esas capacidades.
¿Habremos aprendido la lección?
 



Ver comentarios