Recientemente el BID presentó el documento “Fondeo y financiamiento del transporte público en América Latina y el Caribe” donde se identifican las principales limitaciones y oportunidades de financiamiento del transporte en la región. En el contexto costarricense —donde no existen subsidios estructurales al transporte público— este diagnóstico adquiere especial relevancia, ya que obliga a desarrollar modelos alternativos desde el sector privado para asegurar sostenibilidad operativa, modernización tecnológica y estabilidad financiera.
A nivel regional, el informe destaca que gran parte de los sistemas de transporte urbano en América Latina dependen en más del 50% de subsidios públicos para su operación, como en Santiago de Chile, Bogotá o Ciudad de México. Sin embargo, Costa Rica es la excepción: San José es la única capital analizada sin subsidios significativos, lo que coloca a su sistema en una posición singular de autosuficiencia tarifaria, pero también de vulnerabilidad ante los choques de demanda o incrementos de costos.
El documento propone un conjunto de ejes de reforma orientados a fortalecer los sistemas de financiamiento del transporte. Entre ellos destacan: 1) Impulsar instrumentos financieros innovadores, como bonos verdes o fondos de inversión sostenibles. 2) Desarrollar mecanismos de mitigación de riesgo para atraer capital privado. 3) Diversificar las fuentes de fondeo para reducir la dependencia de transferencias gubernamentales. 4) Crear estructuras institucionales y técnicas con capacidad para estructurar financiamiento complejo y 5) Promover la internalización de externalidades mediante tarifas de congestión o de emisiones.
En el caso de Costa Rica, estos lineamientos implican un desafío. La ausencia de subsidios obliga a que la sostenibilidad del sistema descanse sobre tres pilares: eficiencia operativa, innovación tecnológica y creación de estructuras fiduciarias o corporativas privadas que canalicen la inversión. Mientras otros países dependen del erario público para compensar déficits tarifarios, Costa Rica debe crear su propio “ecosistema financiero del transporte” lo cual le imprime un reto importante.
El estudio también resalta que los países con mejores condiciones de financiamiento poseen mercados financieros profundos, gobernanza institucional sólida y mecanismos de mitigación de riesgo definidos. En cambio, los sistemas fragmentados, con operadores pequeños y sin acceso a crédito, enfrentan serias barreras para renovar flota o invertir en infraestructura. Este es precisamente el caso de Costa Rica: un ecosistema compuesto mayoritariamente por pymes autobuseras que requieren plataformas de coordinación y fideicomisos que actúen como “vehículos de confianza” para canalizar capital privado.
En síntesis, mientras América Latina discute cómo focalizar y mejorar sus subsidios, Costa Rica debe construir su propio modelo de financiamiento desde lo privado, apalancado en innovación tecnológica, información financiera transparente y estructuras fiduciarias capaces de articular bancos, proveedores y empresas operadoras. Este enfoque no solo es una necesidad estructural, sino también una oportunidad para posicionar al país como referente regional en gobernanza financiera del transporte sostenible.
Finalmente, tomando la experiencia de otros sistemas de transporte del mundo, aquellos que son modernos necesitan fundamentalmente de dos elementos básicos. Recaudo electrónico en formato abierto, justo como el que tenemos en Costa Rica y subsidios. Estos últimos, focalizados y segmentados, para que no excluya ni genere desigualdad económica a grupos que se consideran estratégicos, justamente podríamos dar el paso en subsidiar adecuadamente al adulto mayor, población sensible y de alto impacto social.
MBA, Bernal Rodríguez
Presidente Canabus





































