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Objetivos de las carteras activas

Una de las preguntas más importantes para los gestores de carteras de inversiones está relacionada con lo que espera el inversionista de ellos. En este sentido, si todos los clientes fueran indiferentes al riesgo, la respuesta sería muy sencilla; el gestor de inversiones debería construir una cartera con la tasa de rentabilidad más alta posible, y el juicio del inversionista estaría en función de la rentabilidad media que está obteniendo.

Sin embargo, como ya lo hemos estudiado anteriormente, los inversionistas, dependiendo de sus características individuales, tienen diferentes grados de aversión al riesgo, lo que dificulta la repuesta a la interrogante. En teoría, a falta de estándares de procedimientos, el gestor tendría que estar en consulta permanente con cada cliente antes de tomar alguna decisión relacionada con la cartera de inversiones, ello, con la finalidad de conciliar la rentabilidad media a las expectativas de los clientes, teniendo el riesgo como otro de los aspectos por evaluar.

Para solucionar este problema, contamos con la teoría de la media en la varianza, que permite separar la decisión sobre el producto, que es la forma típica de construir una cartera de riesgo eficiente, de la decisión de consumo, esto es, la asignación de los fondos del inversionista entre cartera de riesgo eficientes y de activos fuertemente seguros.

Como ya lo analizamos en otros comentarios, la construcción de una cartera de riesgo óptimo es un aspecto de orden técnico, y en la práctica existen carteras de riesgo óptimas en función de las características y expectativas del inversionista. La diferencia entre los inversores se establece en la forma como dividen sus inversiones entre el grado de riesgo de las carteras y el nivel de seguridad de los activos.

Juan Carlos Pérez Herra
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