Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 22 Noviembre, 2013

Pocas veces Shakespeare ha sido tan magistralmente interpretado en Costa Rica. Un elenco integrado por una bien balanceada mezcla de actores de diversas generaciones. Fue un acierto


El Rey Lear

El director Fabián Sales Radesca se propuso este año montar EL REY LEAR de Shakespeare en el Teatro de la Aduana. Asistí a verla con grandes expectativas motivado por la excelencia de la obra y por un elenco integrado por una bien balanceada mezcla de actores de diversas generaciones. Fue un acierto.
Volver a ver en un escenario a actores de la calidad de Óscar Castillo al que, por años su dedicación al cine nos había privado de disfrutar de su maestría en las tablas, lo mismo que a Luis Fernando Gómez y a Rodrigo Durán, ha sido un goce estético de altos quilates. Nadie debe perderse ese maravilloso espectáculo.
La puesta en escena ha sido notoriamente original. Desde el punto de vista de la plástica, se trata de una propuesta cubista donde las figuras geométricas básicas configuran el espacio a fin de hacer más ágiles los movimientos. Los colores, siguiendo a Braque, son opacos (café, gris, negro) para no distraer la vista de lo esencial. Se busca dar la sensación de amplitud, pero dentro de un ambiente envuelto en la penumbra y la oscuridad, tanto en espacios cerrados como en una naturaleza inhóspita en medio de la tormenta.
Todo lo cual contribuye patéticamente a mostrar la hondura de la tragedia que allí tiene verificativo.
La obra en sí es compleja. EL REY LEAR solo puede entenderse como la evolución en Shakespeare del drama histórico a la tragedia, por lo que debe verse a la luz de RICARDO III.
Shakespeare vivió en el período más despótico del reino de Inglaterra: la era de los Tudor, en que destacan dos monarcas, padre e hija: Enrique VIII e Isabel I. Ambos fueron sangrientos, pero hicieron de su país una potencia mundial.
El padre rompe con el papado y con el Medievo, funda el Estado nación abriéndose a la modernidad; la hija, al derrotar al imperio de mayor poderío de la época como era la España de Felipe II, hizo de su reino-isla una potencia mundial. Pero eso se logró siguiendo la lógica implacable del realismo político.
En la política como en los negocios, los sentimientos no cuentan, no hay parientes ni amigos, solo existen las frías exigencias del poder. Cuando no se obedecen las normas impuestas por la realidad política, la tragedia es inevitable y arrasa no solo con los malos sino con lo más amado.
La actuación fue altamente profesional, aunque hubo mucho corre corre en la primera parte. El vestuario fue demasiado homogéneo; debió enfatizar la diferencia de clases sociales. La banda sonora usó solo instrumentos de percusión a fin de poner el énfasis tan solo en el evento escénico, lo cual es correcto porque EL REY LEAR no es teatro de caracteres (como Otelo) pues la moraleja no es ética sino política. Laura Montero como Cordelia se revela como una auspiciosa promesa. De igual mención es acreedor Andrés Montero como Edgar.
Merece destacarse la escena final conocida por ser una de las más conmovedoras del teatro universal. Óscar Castillo la convierte en un momento sublime. Pocas veces Shakespeare ha sido tan magistralmente interpretado en Costa Rica.

Arnoldo Mora