Alejandro Pulido
Consultor de Grant Thornton
El 91% de los ejecutivos coincide en que la velocidad del cambio supera hoy la capacidad de adaptación de sus empresas. Hoy en día las empresas se enfrentan a un entorno de constante cambio, donde la innovación y la agilidad son vitales. En este contexto, el departamento de Tecnología deja de ser un simple “soporte operativo” y debe convertirse en un “actor estratégico” para la organización. Gartner lo resume con claridad:
- El 70% de los modelos operativos de TI no están preparados para el negocio digital.
- Solo 14% de las empresas involucra a TI en la definición de la estrategia.
Tradicionalmente, TI ha sido visto como un área reactiva, esperan a que las operaciones o los departamentos de negocio planteen una necesidad para luego dar una respuesta. Sin embargo, en el mundo actual, donde la transformación digital es vital, la proactividad de TI se vuelve indispensable. No se trata solo de responder a las demandas o requerimientos, sino de anticiparse a ellos, identificar oportunidades de mejora y optimización antes de que se conviertan en un obstáculo.
Si la ambición es competir en un entorno altamente exigente y competitivo, ese modelo operativo debe rediseñarse. Tecnología no puede seguir funcionando como un proveedor de servicios que “atiende tickets”. Necesita integrarse con los equipos de negocio, romper silos, participar en la definición de prioridades estratégicas, tener la capacidad y la autoridad para proponer iniciativas que generen valor antes de que la operación las pida. La transformación digital no avanza con áreas aisladas; avanza cuando TI se vuelve un pilar estratégico que impulsa las decisiones, no solo que las ejecuta.
Este enfoque proactivo implica que TI se integre desde el inicio en la definición de estrategias, aportando una perspectiva tecnológica que potencie la competitividad. Al considerarse como la fuente de datos principal y como un habilitador central de procesos, TI puede aportar una visión que no solo soluciona problemas específicos, sino que también impulsa la innovación y mida la mejora continua. La clave está en que las áreas de tecnología no esperen a que las necesidades surjan, sino que puedan anticiparlas mediante el análisis de datos, la observación de tendencias y la colaboración estrecha con las demás áreas operativas y administrativas. De esta manera, TI se convierte en un impulsor del cambio, no solo en la ejecución de tareas técnicas, sino en la generación de valor estratégico para la organización.
Definitivamente, cuando TI se posiciona de manera proactiva, se evita que la innovación “externa” sobrepase a la empresa y se fortalece la confianza en la capacidad de adaptación del equipo. De este modo, TI no solo respalda la operación del día a día, sino que la impulsa hacia adelante, creando un entorno en el que la tecnología y el negocio avanzan de la mano. La transformación digital ya no es opcional; es la vía para acelerar esos resultados esperados y consolidar la competitividad en un mercado donde quedarse quieto es como retroceder.





































