La creación y puesta en marcha de una empresa, y a la luz de la teoría fundamental de la gestión de negocios, radica en la obtención de su objetivo primordial, entiéndase el desenvolvimiento de su giro de negocio con un fin último lucrativo, es decir, con un enfoque a la consecución de utilidades las cuales puedan ser sujetas al gravamen por parte del Estado. Este enfoque tradicional resulta ser pragmático y funcional, pues es en esencia el fin básico para este tipo de entidad, y radica en la generación de ganancias para sus propietarios, tema que impacta la actividad económica y permite a la empresa perpetuarse en el tiempo, siendo esto último el segundo objetivo fundamental de una sociedad mercantil creada para estos efectos.
En esta línea vale señalar que el concepto de empresa es fundamentado en la existencia de una unidad económica y jurídica independiente, generadora de valor agregado en la actividad financiera del entorno, siendo a su vez el motor mismo del crecimiento del país, precisando ser el principal origen de fuentes de trabajo, así como de actividades que permiten el incremento del flujo de bienes y servicios en el mercado. En esta dinámica se deja entrever el segundo objetivo propio de la actividad empresarial, el cual radica en la perduración en el tiempo de esta entidad creada con fines lucrativos, siendo que, si bien es cierto su consecución se logra por medio de la obtención continuada de ganancias, esto debe ser también detallado desde una perspectiva de sostenibilidad administrativa y financiera, de gestión y de relación con su entorno.
Precisamente de lo anterior deriva un aspecto de vital importancia para la actividad empresarial, el cual radica en la administración sostenible y el uso eficiente de los recursos, tema que suele ser analizado desde una perspectiva mercantilista mayormente, no obstante, debe plantearse la importancia de su observancia más allá de solamente la puntualización lucrativa como fin único. Para estos efectos debe entenderse la sostenibilidad de la empresa como un precepto de índole heurístico, el cual debe considerar sus pilares gananciales y perdurables en el tiempo, pero también los principios ligados al desarrollo integral, precisando tener una relación directa con el entorno, las personas, los marcos formales y normativos, y con especial relevancia al medio ambiente.
Con base en lo anterior, es de interés la integración de los elementos antes señalados, resaltando temas tales como los seres humanos involucrados en la gestión de las empresas, el uso responsable de los recursos productivos escasos, así como el estricto seguimiento de la norma jurídica de orientación y regulación del desarrollo de los giros comerciales, resaltando así obtenerse un conglomerado de aspectos que parecen ser en si mismos la estratificación de las actividades para la consecución del éxito de la empresa.
Al analizar estos puntos, es menester la incorporación de una variable adicional, entiéndase el Desarrollo Sostenible, esto como eje transversal y fundamental en la administración técnica e integral de las sociedades mercantiles con actividad lucrativa, siendo que su concepción como punto inherente al desarrollo empresarial se torna esencial en los mercados laborales y corporativos de la actualidad. Cabe indicar que esta concepción de sostenibilidad no solo incorpora los puntos ligados a la perdurabilidad en el tiempo, sino que también contempla la relación e impacto directo e indirecto que la entidad tiene para con el medio ambiente, la naturaleza, la ecología y la salud pública en general.
Es pertinente en este punto detallar una aproximación a la definición del Desarrollo Sostenible, en especial al considerar las dos aristas antes señaladas, es decir, la gestión sostenible de la empresa en el tiempo con enfoque lucrativo, y su ligamen para con el entorno y el medio ambiente. Para estos efectos puede definirse el concepto como aquella gestión de índole general y de enfoque heurístico que considera a la empresa como unidad económica productora y de impacto en los flujos comerciales de los mercados, pero que a su vez contempla a la organización como un ente de impacto hacia su entorno ambiental y social, señalando la imperiosa necesidad del desarrollo del giro de negocio en una forma balanceada en términos de la afectación que pudiese generar, precisando para esto técnicas de eficiencia empresarial y ambiental.
Puede observarse que el concepto en cuestión busca una especie de punto medio entre la explotación lucrativa del giro comercial y el balance para con el impacto ambiental y social, consistiendo más allá de una simple moda, en una realidad y necesidad objetiva que debe ser considerada como eje fundamental por las empresas. Este enfoque contempla a su vez temas tales como la política ambiental de la empresa, gestiones ligadas a la economía circular, el reciclaje, el impacto de la huella de carbono, la incorporación de certificaciones ecológicas, y con vital importancia, la administración holística de la calidad de vida en sus círculos internos y externos, consistiendo en bases esenciales de la empresa moderna.
Tal cual se indica antes, el Desarrollo Sostenible empresarial no debe ser visto como una simple moda, sino que este precisa su fundamento en la adopción de una nueva forma de pensamiento que conlleve el mantenimiento del fin lucrativo de la sociedad mercantil, pero que concientice a la vez la necesidad de una visión a largo plazo, así como un desarrollo y crecimiento comercial en armonía con el medio ambiente y el entorno social. Esta concepción de la realidad del mercado conlleva una filosofía empresarial de mayor profundidad y consciencia en materia del uso responsable y sostenible de los recursos, esto bajo el lineamiento de la economía y el medio ambiente como aristas conjuntas y esenciales para la prolongación de la vida corporativa.
Ahora bien, aunque este enfoque pudiese resultar un poco idealista en su concepción inicial, no debe perderse perspectiva, pues su fundamento es totalmente pragmático, pues busca la protección del medio ambiente y el entorno, que no debe olvidarse, son a su vez los proveedores de los recursos productivos para la producción y servucción de bienes y servicios, evidenciando así una relación simbiótica entre la explotación comercial y la sostenibilidad. De igual forma, es válido resaltar que la aproximación del respeto al medio ambiente no es una simple ocurrencia idílica o ideológica, sino que deriva desde la norma prima de la República, siendo esta la Constitución Política, particularmente en su numeral 50 que señala el derecho fundamental a un medio ambiente sano y equilibrado.
Si bien es cierto, los esfuerzos necesarios para la implementación de este tipo de filosofía empresarial bipartida, entiéndase con enfoque al lucro y la sostenibilidad, requiere un grado de inversión de consideración, esto tampoco es ajeno a la política de deducibilidad tributaria, pudiendo utilizarse las erogaciones en la gestión ambiental, responsabilidad social y la gestión del entorno, como cuentas generadoras de gasto de la entidad, mismas que pueden derivar en escudos fiscales, dando un beneficio financiero a la empresa, a la vez que se realiza una acción de contribución al medio ambiente.
El tema sin duda debe ser evaluado a fondo, pero siempre con enfoque hacia su verdadero impacto, no debiendo ser visto como una tendencia ideológica ni extremista en prohibiciones absolutas o requisitos imposibles, sino como una realidad clara que afecta a todos los involucrados, y que su fin es el resguardo del bien más preciado evidenciable, el universo natural y social existente, mismo que resulta ser fundamental para la vida humana y la convivencia en sociedad.Dr. Juan Diego Sánchez Sánchez, Ph.D
Asesor y analista financiero, abogado, profesor e investigador





































