Se sentía bien la víspera
Primer artículo de una serie sobre inteligencia artificial, salud y empresa
Se sentía bien la víspera. Había cerrado el mes, respondido los últimos correos, prometido a su familia que el fin de semana sí descansaría. A la mañana siguiente, en su oficina, entre una reunión y otra, su corazón se detuvo sin haber dado nunca una señal de alarma. No hubo dolor previo, no hubo aviso, no hubo tiempo. Para su empresa fue la pérdida súbita de un pilar; para su familia, un vacío imposible de llenar; para el sistema de salud, una estadística más. Esta historia no es excepcional. Es, tristemente, una de las formas más frecuentes en que la enfermedad del corazón se manifiesta por primera vez: matando.
Los números obligan a detenerse. Las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en Costa Rica y representan cerca del 32% de todas las defunciones. Según el INEC, solo el infarto agudo de miocardio cobró 2.021 vidas en 2023, y la enfermedad isquémica crónica del corazón, otras 958. En el mundo, la Organización Mundial de la Salud atribuye a estas enfermedades alrededor de 19,8 millones de muertes cada año: una de cada tres. Y detrás de cada cifra hay un dato que debería quitarnos el sueño: la muerte súbita cardíaca es responsable de cerca de la mitad de la mortalidad cardiovascular en los países desarrollados y, según la evidencia publicada en las revistas de la American Heart Association, en dos de cada tres casos es la primera manifestación de la enfermedad, en personas antes consideradas de bajo riesgo.
Ese desenlace, además, lo pagamos entre todos. La Caja Costarricense de Seguro Social destina alrededor de ¢245.350 millones a la atención de pacientes con enfermedades cardiovasculares, y cerca de ¢4.880 millones anuales —el 1,8% de todo su presupuesto en medicamentos— se van únicamente en controlar la presión arterial. En el plano internacional, las enfermedades cardiovasculares generaron pérdidas de productividad por cerca de €62.000 millones en un solo año solo por muerte prematura en los países europeos analizados.
Detengámonos en el terreno donde estas cifras se vuelven personales para cualquier empresario: el lugar de trabajo. Costa Rica ocupa hoy una posición incómoda entre los países de la OCDE en factores de riesgo. La prevalencia de diabetes ronda el 10% de la población adulta, la obesidad supera el promedio regional y la hipertensión afecta a una porción muy significativa de la población laboralmente activa. Son, con nombre y apellido, las personas que cada mañana llegan a nuestras oficinas, fábricas y comercios. El sedentarismo, el estrés sostenido y la mala alimentación —galopantes en la vida corporativa moderna— no son un problema de bienestar abstracto: son el combustible silencioso de la próxima emergencia.
Pero la muerte es apenas la punta del iceberg. Mucho antes del desenlace fatal, la enfermedad cardiovascular ya está cobrando su precio dentro de la empresa, día tras día, en forma de incapacidades prolongadas, citas médicas recurrentes, ausentismo y —el costo más invisible de todos— el presentismo: el colaborador que asiste, pero rinde a media máquina porque su salud lo limita. La literatura especializada estima el costo del presentismo en alrededor de USD 3.055 por empleado al año, y señala que estas pérdidas ocultas pueden ser dos o tres veces mayores que las del ausentismo visible. Un solo colaborador con enfermedad crónica no controlada puede representar semanas de productividad perdida y un gasto médico que la empresa termina absorbiendo de una u otra forma.
Y cuando la emergencia finalmente ocurre, el golpe se multiplica. A la pérdida irreparable de la persona se suman la interrupción de la operación, el impacto emocional sobre todo el equipo y, en empresas expuestas al mercado, consecuencias reputacionales y financieras que pueden afectar incluso el valor de sus acciones. Se estima que entre el 10% y el 20% de las muertes cardiovasculares en edad laboral se relacionan con factores del entorno de trabajo. El corazón de un colaborador no aparece en el balance, pero su falla se siente en toda la organización. La pregunta que ningún líder debería posponer es sencilla: ¿cuánto vale prevenir lo que no se ve venir?
Durante décadas la respuesta fue frustrante, porque la detección del riesgo dependía de estudios que se solicitan cuando ya hay una sospecha. ¿Cómo identificar el peligro en alguien que se siente perfectamente sano y no tiene motivo aparente para consultar? Aquí la inteligencia artificial cambia el planteamiento. El corazón no late como un metrónomo; las variaciones sutiles entre un latido y otro reflejan cómo el sistema nervioso regula el corazón, y esas variaciones contienen información valiosa sobre su salud. Un algoritmo desarrollado en Israel —HeartTrends— analiza esa variabilidad a partir de un registro de aproximadamente una hora, sin agujas, sin radiación y sin esfuerzo físico, mediante un análisis no lineal, el Multipole Parameter Weight. En el estudio HRV-DETECT, con más de mil sujetos, publicado en la Journal of the American Heart Association (2019), el método mostró una sensibilidad cercana al 77% frente a la prueba de esfuerzo estándar y un valor predictivo negativo del 98%. Vale la pena traducir ese último número, porque es el que más tranquilidad ofrece a una organización: un valor predictivo negativo del 98% significa que, cuando la prueba resulta negativa, la probabilidad de que esa persona tenga una isquemia oculta es mínima. En términos prácticos, permite descartar el peligro con un altísimo grado de confianza y concentrar la atención especializada en los pocos casos que sí la requieren. Su base científica se remonta al Framingham Heart Study, que estableció la variabilidad de la frecuencia cardíaca como marcador de mortalidad y eventos cardíacos.
Su lógica es prudente: un resultado negativo permite continuar la vigilancia preventiva y repetir el estudio en un año; un resultado positivo obliga a referir de inmediato a la persona para estratificación de riesgo y valoración por un especialista en cardiología. La prueba no reemplaza el criterio médico: lo activa a tiempo.
Aquí está la oportunidad indescriptible que la inteligencia artificial le ofrece a la empresa costarricense: pasar de reaccionar ante la tragedia a anticiparla. Esta tecnología, con autorización 510(k) de la FDA en Estados Unidos, marca CE en la Unión Europea y registros en Israel, Filipinas, Singapur y ya en Costa Rica —con Certificado de Registro de Equipo Biomédico del Ministerio de Salud—, llega al país en el momento justo para convertir la prevención en cultura organizacional. Ninguna empresa necesita transformar su modelo de salud de un día para otro: puede comenzar con un grupo, medir, aprender y escalar. Esa es, en nuestra experiencia clínica, la forma en que las buenas prácticas se vuelven sostenibles. Y en este esfuerzo, el trabajo de la Asociación Costarricense de Cardiología en la promoción de la prevención merece un reconocimiento explícito: ninguna herramienta tecnológica sustituye la red de especialistas que la interpreta y le da sentido.
La inteligencia artificial no viene a reemplazar al médico ni a la relación humana; viene a extenderla, para que una empresa pueda cuidar a su gente antes del primer síntoma y no después del primer evento. Proteger el corazón de una organización empieza, literalmente, por proteger el de cada persona que la hace posible. La víspera siempre parece un día normal. La diferencia entre una estadística y una vida salvada puede estar en la decisión de mirar a tiempo.
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El Dr. Christian Rivera Paniagua.
Presidente Fundación Costa Rica Azul.
Premio Global Democracy Award.
Washington 2025.
Referencias
- OECD, Health at a Glance 2025 — Country Note Costa Rica (diabetes ~10% adultos; obesidad sobre promedio regional).
- INEC Costa Rica / Ministerio de Salud, Perfil Epidemiológico 2024 — infarto agudo de miocardio 2.021 muertes (2023); enfermedad isquémica crónica 958; ECV ~32% de defunciones.
- OMS, Enfermedades cardiovasculares (fact sheet) — ~19,8 millones de muertes/año, ~32% mundial.
- AHA / Mayo Clinic Proceedings — muerte súbita ~50% de la mortalidad CV y primera manifestación en ~2/3 de los casos; JACC Clin Electrophysiol 2024.
- CCSS / Dirección Actuarial — ~¢245.350 millones en atención CV; ~¢4.880 millones en antihipertensivos (1,8% del presupuesto de medicamentos).
- Presentismo laboral: costo ~USD 3.055/empleado/año (J Occup Environ Med); pérdidas por presentismo 2-3× las del ausentismo.
- Cardiovascular disease burden due to productivity losses in ESC countries. Eur Heart J Qual Care Clin Outcomes (~€62.000 millones, 2018).
- Productivity loss out-of-hospital cardiac arrest, USA (CARES) — US$7.400M (2013) → US$11.300M (2018).
- HeartTrends, Ficha Técnica para Médicos v.4.6 (2022), Lev-El Diagnostics Ltd. — sensibilidad 77% vs EST, VPN 98%, MPW; FDA 510(k) K012825; Min. Salud CR 22/01/2024–2029.
- HRV-DETECT Study. J Am Heart Assoc. 2019;8:e014540. American Journal of Cardiology 115:1518 (2015). Framingham Heart Study.





































