Déficit: ¿fiscal o de ideas?
La crisis de futuro que hoy soportamos se sustenta en la dificultad de poder concretar ideas
La crisis de futuro que hoy soportamos se sustenta en la dificultad de poder concretar ideas
Estamos en una acentuada discusión —de años— sobre el tema del déficit fiscal, con algunos muy comprometidos en buscar la disminución de los disparadores del gasto —salarios públicos, pensiones, transferencias—, otros defendiendo a ultranza esos beneficios.
Quienes los defienden, además, se oponen a todo aquello que suene a movilizar el mercado y que promueva el crecimiento económico, todo aquel que lo hace es un “neoliberal”. Pregunto a estos: ¿Cómo piensan sostener esos beneficios y lograr distribuir riqueza, si se oponen al crecimiento económico? A los otros: ¿A corto plazo qué hacemos con el 22% de pobres? Pues, como decía J.M. Keynes, “a largo plazo todos estaremos muertos”.
La semana pasada en nuestro programa radial —Café y Palabras—, dialogando con el filósofo-político, la calificación es mía, Francisco A. Pacheco —expresidente de la Asamblea Legislativa—, dijo una frase que me encantó y que comparto a plenitud: “Un país es poderoso por su gran ejército o por ser rico, Costa Rica nunca tendrá ejército, así que lo que nos queda es ser un país rico”.
Nunca nos han faltado ideas y hemos sido muy exitosos cuando las implementamos. La crisis de futuro que hoy soportamos se sustenta en la dificultad de poder concretar ideas. En ocasiones empantanamos en el cortoplacismo, en otros casos —muy comunes— por la miopía de grupos que siguen “enclutchados” en la estúpida batalla ideológica. Triunfan y son ricas las naciones pragmáticas, las que salieron del retrógrado claustro ideológico. Algunos se suman a viejas ideologías porque no tienen capacidad de discernir y generar ideas propias y ajustadas a los tiempos.
El futuro siempre será incierto, pero más cuando no lo pensamos o imaginamos, cuando no lo soñamos, sino que lo padecemos. El futuro a largo plazo lo imaginan los jóvenes; los que estamos en la mediana edad pensamos a mediano plazo, y los más viejos en el corto plazo. Lo que tiene su lógica cuando amas y quieres disfrutar tu vida a plenitud; empero, es obligación de quienes gobiernan comprometernos con el pensamiento de futuro. Será prominente un país cuando sueñe con una sociedad rica, tanto en valores como en recursos.
El déficit fiscal que preocupa a nuestra clase política —sobre todo a los más responsables— se ha sustentado en la falencia de implementar nuevas buenas ideas, no en su carencia. Ejemplos son los problemas de la dependencia de importar los derivados del petróleo, teniendo capacidad y recursos para explotar otras fuentes de energía; el miedo a la educación dual, tan exitosa en países desarrollados; la imposibilidad de activar un moderno tren interurbano con un derecho de vía ya establecido, la inutilidad de utilizar la tecnología para mejores controles fiscales, el desarrollo de infraestructura vial con planos que envejecen y empiezan a ponerse amarillos, etc.
Acercarnos a ser una sociedad feliz y rica nos obliga primero a alejarnos de los fantasmas del miedo y la apatía, razón tenía George Bernard Shaw cuando dijo que “no tenemos más derecho a consumir felicidad sin producirla, que a consumir riqueza sin producirla”. Entonces, manos a la obra para salir de la indolencia al déficit en la implementación de ideas, de lo contrario se nos hará perenne la preocupación por el déficit fiscal.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo