Melvin Garita Mora
Economista, Máster en Matemática Aplicada y Máster en Administración de Empresas
La mayoría de las personas sabe lo que debe hacer para mejorar su vida, sin embargo, carece de sistemas de revisión y retroalimentación que mantengan su conducta alineada con esos objetivos, lo que las lleva a una triste realidad: una intención clara es un fracaso predecible.
O sea, el problema no es desconocer “qué se debe hacer”, sino no establecer procesos para asegurar que se haga consistentemente. Paradójicamente, a pesar de que esto está documentado desde hace al menos dos décadas, también sucede a nivel empresarial.
El principal obstáculo para ejecutar una estrategia empresarial no es su diseño, sino la falta de seguimiento sistemático.
En The Execution Premium, Robert Kaplan y David Norton señalan que muchas organizaciones elaboran planes que “quedan en el estante” y se revisan solo en el siguiente ciclo anual, lo cual impide la disciplina continua necesaria para obtener resultados sostenibles. Esta desconexión entre formulación y ejecución explica por qué entre 70% y 90% de las estrategias fracasan, según investigaciones que citan en sus obras y análisis posteriores basados en ellas.
Estos autores exponen que muchas organizaciones invierten grandes esfuerzos en definir su misión, visión y estrategia, pero solo alrededor del 5% de los trabajadores la comprende realmente, lo que deriva en una brecha enorme entre la intención estratégica y la acción diaria. Esa falta de internalización de la visión representa una barrera en los procesos de ejecución, o sea, la estrategia y las operaciones están desligadas.
La Gestión Estratégica como proceso de circuito cerrado
El Execution Premium Process (XPP) es un proceso estructurado de seis etapas que integra la planificación estratégica con la operación diaria, creando un ciclo cerrado de ejecución, monitoreo y aprendizaje.
El XPP busca que la estrategia no quede solo en documentos o presentaciones, sino que se convierta en acciones medibles, financiadas, revisadas y ajustadas de manera sistemática.
Veamos cómo se podría aplicar el XPP al contexto de propósitos personales de inicio de año.
1. Desarrollar la estrategia: ¿Por qué querés cambiar?
¿Cuál es tu visión personal este año?
¿Qué valores querés fortalecer?
¿Qué áreas de tu vida requieren más atención (salud, finanzas, relaciones, aprendizaje, espiritualidad)?
2. Planear (traducir) la estrategia: Transformar un deseo, “estar más saludable”, en metas accionables:
Objetivo: Hacer ejercicio 3 veces por semana durante 45 minutos
Indicador: Número de entrenamientos realizados
Meta mensual: Completar 12 sesiones al mes
Iniciativa: inscribirte en un gimnasio o programar rutinas en casa
Presupuesto: Cuánto dinero necesito
3. Alinear la organización: Así como las empresas alinean sus áreas, tenés que alinear tus hábitos, rutinas, calendario, recursos y entorno.
Para comer más sano, organiza compras, recetas y evita tentaciones
4. Planear las operaciones: Aquí integramos la estrategia y la ejecución operativa, o sea definimos pequeñas tareas repetidas que sostienen tus metas.
¿Qué vas a hacer cada semana?
¿Qué métricas revisarás?
5. Controlar y aprender: Crea un ritual corto de seguimiento.
Revisá qué funcionó y qué no
Identificá obstáculos
Ajustá la semana siguiente
6. Probar y adaptar: La vida cambia, tus prioridades también. Cada trimestre, pregúntate:
¿Sigue siendo relevante este propósito?
¿Necesito ajustarlo o reemplazarlo?
El seguimiento disciplinado, tanto en la vida personal como en la empresa, es el factor crítico que convierte una buena intención estratégica en un resultado tangible.





































