Hace unos días participé en el Foro “Sistemas de Información para el Transporte Público”, donde se presentó la iniciativa para construir un Sistema Nacional de Información que permita integrar rutas, paradas, horarios y tarifas mediante el estándar internacional GTFS y, progresivamente, incorporar alertas e información en tiempo real. La dirección es correcta. Costa Rica necesita que una persona pueda saber desde su teléfono dónde tomar un autobús, cuál ruta utilizar, cuánto cuesta y cuándo debería llegar.
Sin embargo, mientras escuchaba las exposiciones surgía una pregunta que va más allá de la tecnología: ¿quién tiene realmente los incentivos para que el sistema funcione bien dentro de cinco o diez años?
El dato genera valor para muchos actores. Al usuario le permite planificar su viaje; al CTP administrar y fiscalizar las concesiones; al MOPT planificar; a ARESEP disponer de información regulatoria y al empresario conocer mejor su operación.
Pero los costos y beneficios no necesariamente están distribuidos de la misma manera. Una cosa es publicar una ruta, una tarifa o un horario autorizado. Otra es producir información operacional en tiempo real. Para conocer dónde está un autobús, si realizó una carrera, cuánto se atrasó o si modificó su recorrido se requieren equipos, comunicaciones, integración tecnológica, mantenimiento y procesos dentro de las empresas.
Buena parte del dato dinámico nace, entonces, dentro del autobús. Aquí aparece un riesgo: que el empresario termine percibiendo el sistema principalmente como una herramienta adicional de fiscalización cuyos costos debe asumir. Si eso ocurre podremos obtener cumplimiento regulatorio, pero difícilmente innovación. La respuesta no consiste en entregar menos información. Todo lo contrario. El desafío es lograr que producir mejores datos también genere valor para quien los produce.
El operador debería recibir herramientas que conviertan esos datos en inteligencia empresarial: regularidad, puntualidad, carreras ejecutadas, kilómetros, demanda, incidencias y otros indicadores útiles para gestionar su servicio. Además, la digitalización debería sustituir reportes y trámites que hoy se presentan repetidamente ante distintas instituciones.
Un principio sencillo debería acompañar el proceso: el dato se produce una vez y el Estado lo utiliza muchas veces, esto sí tiene sentido al empresario, pues le significa menos costos al interno de su gestión.
Existe además un avance que debe reconocerse. El Plan Estratégico Sectorial de Obras Públicas y Transportes 2026-2030 ya asigna al CTP responsabilidad sobre la incorporación de rutas a la plataforma tecnológica y establece que la conformación y mantenimiento de los archivos GTFS se financiará mediante su presupuesto ordinario. El propio Plan estima un mínimo de ₡15 millones anuales para esta labor y plantea metas de incorporación progresiva de las rutas. Eso responde parcialmente una de las interrogantes sobre sostenibilidad, pero también introduce una distinción importante: mantener archivos GTFS no necesariamente equivale a sostener un Sistema Nacional de Información en tiempo real.
Una plataforma que incorpore posiciones de vehículos, alertas, interoperabilidad, infraestructura tecnológica, controles de calidad y actualización permanente demandará capacidades institucionales y financieras mayores. De hecho, el mismo Plan Estratégico reconoce riesgos políticos, financieros y de gobernanza asociados al proceso, y ahí está probablemente la discusión más relevante. GTFS define un estándar tecnológico; no define quién gobierna el ecosistema.
El CTP aparece con un rol cada vez más claro sobre el dato, mientras SIMOVI-UCR asumirá la ejecución técnica de esta primera etapa y existen apoyos de la Unión Europea y GIZ. Pero todavía será necesario consolidar quién toma las decisiones, cómo participan los operadores, quién establece las reglas de calidad del dato y cómo se financiará la evolución del sistema una vez superada esta primera fase.
Costa Rica está dando un paso necesario hacia la digitalización del transporte público. El desafío ahora es pasar de construir una plataforma a construir una institución alrededor del dato. Porque el verdadero éxito no se medirá el día que las rutas aparezcan en una aplicación. Se medirá años después, cuando los datos sigan actualizados, la tecnología continúe funcionando y todos los actores tengan razones legítimas para mantenerla viva. Detrás de cada dato sostenible existe algo menos visible, pero mucho más importante: gobernanza.
MBA, Bernal Rodríguez
Presidente de CANABUS.





































