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Costa Rica necesita gobernantes interesados en el bien de todos, aptos para tomar medidas a corto, mediano y largo plazo, que la saquen de esta coyuntura a tiempo y le permitan continuar con el debido equilibrio fiscal


Cura, no calmantes

Estamos ante una nueva amenaza. Un flujo de capital ingresó al país. Esta vez son $1.000 millones, provenientes de los llamados eurobonos, de la deuda externa colocada el año anterior.
Estos tuvieron que ser trasladados a colones este año para pagar deuda interna. Pero el Banco Central tuvo que comprar cerca de $300 millones para que el dólar no bajara de ¢500.
Esta situación obligará a elegir entre dos cosas: que aumente la inflación por el exceso de dinero circulante o que suban las tasas de interés, al recoger la liquidez mediante bonos.
Lo primero afecta encareciendo el costo de la vida a toda la población, con graves consecuencias sobre los más pobres, y lo segundo significa créditos más caros para consumidores y empresarios.
Lo peor es que este ciclo se volverá a producir porque vendrá la segunda emisión de deuda externa, por lo cual ingresarían otros $1.000 millones al país.
Una nota de este medio hoy da algunos posibles consejos para que los inversionistas puedan cubrirse de estas amenazas, pero la realidad es que el país continuará en esta situación, o incluso peor con el paso del tiempo, si no se cura el origen de la enfermedad.
Sobre esta necesaria “cura” hemos comentado ya en varias ocasiones, pero esto no parece tener eco más que en los costarricenses preocupados por las consecuencias que afrontan.
La solución es bastante clara aunque sea difícil de adoptar, puesto que podría tener un costo político: gastar menos y recaudar bien para tener un fisco más sano.
No obstante, es momento de pensar en que no sanear las finanzas públicas y dejar que la “bola” crezca empujándola hacia delante, puede traer también costos políticos importantes.
Costa Rica necesita gobernantes interesados en el bien de todos, aptos para tomar medidas a corto, mediano y largo plazo, que la saquen de esta coyuntura a tiempo y le permitan continuar con el debido equilibrio fiscal para no tener problemas y poder atender las necesidades de la población.
Una gestión de gobierno y de Estado eficiente, capaz de evitar el gasto innecesario, y una buena recaudación que impida la evasión, son el remedio.


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