En el artículo anterior, hice un llamado como mujer de Patria, a reflexionar acerca de la necesidad de volver a creer: en el país, en nuestras instituciones y en la fuerza del voto como herramienta de cambio. Esa confianza es la base de ¡Hagamos que cuente!, una campaña cívica, educativa e incluyente que busca recordar por qué la participación sigue siendo el corazón de la democracia. Es este artículo, propongo entender por qué creer que la democracia sigue siendo un imperativo urgente y necesario.
Primero, creer en la democracia es reconocer su valor histórico. Costa Rica construyó un camino singular: abolió el ejército, invirtió en educación, apostó por la salud pública y convirtió la paz en su mayor fortaleza. Ese legado no es casualidad; es fruto de generaciones que eligieron el diálogo como camino para resolver las diferencias. Por eso, votar y participar es honrar esa historia.
Segundo, es asumir sus imperfecciones sin renunciar a mejorarla. Una democracia sólida no necesita unanimidad, sino conciencia crítica. Informarse, analizar propuestas de los veinte partidos políticos que aspiran a ser Gobierno en el próximo cuatrienio así como exigir transparencia y rendición de cuentas a las instituciones públicas, es también ejercer el poder con responsabilidad.
Tercero, es defender los derechos humanos y la igualdad real. No hay democracia posible si hay exclusión. Las mujeres jefas de hogar, las personas en situación de discapacidad, las juventudes, la población LGBTIQ+, las comunidades rurales, indígenas y afrodescendientes entre otros, merecen también una voz activa. La democracia se debilita cuando se cierran espacios; y se fortalece cuando las voces son escuchadas.
Cuarto, es proteger las instituciones y el Estado social de derecho. Son ellas las que garantizan educación, salud, cultura, justicia y bienestar. Cuestionarlas es parte del ejercicio democrático; destruirlas sería retroceder y ceder los espacios al autoritarismo. Su defensa no es un acto de confianza ciega, sino de responsabilidad con su permanencia futura.
Quinto, es apostar por el diálogo constructivo. Ningún país prospera desde la descalificación o el insulto. Escuchar, debatir y disentir con respeto no debilita: enriquece. La democracia se sostiene en la palabra y se destruye en el grito, la mentira y la descalificación.
Sexto, es afrontar juntos los grandes retos nacionales: rescatar la educación pública, fortalecer la seguridad ciudadana, proteger la salud, garantizar vivienda digna y renovar las políticas sociales que combaten la pobreza. Ningún problema se resuelve desde la indiferencia o el miedo, sino desde la participación colectiva.
La democracia no es una herencia asegurada: es una tarea diaria que se defiende cada cuatro años en las urnas. Creer en ella, es creer en la posibilidad de transformar el desencanto hacia la política en compromiso con el futuro, reflejado en las urnas.
Creer en la democracia es creer en Costa Rica: en su gente, su historia y su futuro. Que nuestro voto sea el puente hacia la Patria grande, la que soñamos.





































