Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 25 Agosto, 2010


Compensando por lo que atiende mal la Caja


La nave Iwo Jima, de la Fuerza Naval estadounidense, que atracó en Limón esta semana, se dedica en esta visita fundamentalmente a prestar servicios médicos en áreas que no atiende del todo, o los brinda muy inadecuadamente, la Caja Costarricense de Seguro Social. Por todos es sabido que el servicio odontológico ofrecido a los asegurados es seriamente limitado. Lo mismo es cierto para lo que los administradores del Seguro han denominado operaciones “discrecionales,” como las de cataratas.
Ya se han oído protestas por la presencia de una nave de guerra en ese puerto del Atlántico; que va en contra de las tradiciones neutrales de la nación costarricense, que es inconstitucional el tratado que la permite, y por supuesto la más emotiva que pregunta “¿qué buscan realmente estos gringos al mandar el Iwo Jima a Costa Rica?”. Probablemente genera entre estos últimos una combinación de pena y rabia. Pena, por tener una institución como la Caja que no está cumpliendo con sus deberes, y que deja al descubierto frente a los estadounidenses que Costa Rica sigue siendo país pobre y desorganizado por más que deseara no serlo; rabia, porque la ayuda caritativa viene en un barco que simboliza todo lo que el país ha rechazado desde la abolición de sus fuerzas armadas después de la guerra de 1948.
Si se preguntara a los beneficiados por la atención médica recibida en el Iwo Jima, es seguro que sin excepción manifestarían acuerdo con la presencia de este barco en aguas nacionales. Más de uno diría que es una lástima que no permaneciera más tiempo y que no atendiera más costarricenses con necesidades similares a las de ellos. Estos estarían de acuerdo con la llegada del Kearsarge, otra nave de guerra estadounidense, que llegará a Puntarenas más tarde este año para atender a los necesitados de atención médica en esa región, si no lo impide un pequeño grupo de diputados empeñados a frenarlo.
Un conocido me dijo recientemente que “vienen a espiar estos militares gringos.” Esa declaración la recibí incrédulo porque no creo que en Costa Rica, un país totalmente abierto, haya un solo secreto de nada. Si los estadounidenses quisieran obtener mapas, datos, organigramas, información financiera y hasta los chismes más recientes, podrían enviar tres funcionarios disfrazados de turistas por un par de semanas y obtendrían todo lo que necesitaran; y lo harían de forma mucho más económica de lo que cuesta enviar una nave con una tripulación de 500 o más personas al país. Recuerdo el famoso refrán que dice que “en Costa Rica un secreto máximo es uno que no sale a todo Centroamérica en las primeras 24 horas después de que se lanza.”
Queda por preguntar: ¿Por qué la Caja no tiene un servicio odontológico eficiente y con cobertura adecuada? Todos los años miles de asegurados pierden “piezas,” extraídas en algún consultorio privado cuando el dolor ya no es soportable. Los dientes malos, o su ausencia, provocan todo tipo de malestares digestivos, y dota al afectado una calidad de vida inferior a la que merece, especialmente si está cotizando para la Caja.
Mi opinión es que mientras la institución responsable del bienestar en salud de los habitantes no funcione adecuadamente, bienvenida cualquier ayuda internacional, venga como venga.

Carlos Denton
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